Nombre: Chicago
Categorías: Drama, Comedia dramática, Musical
Director: Rob Marshall
País: Estados Unidos
Año: 2002

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Mauricio Reina * * * ½

Chicago (2002)

Huele a Oscar

Debo empezar haciendo una aclaración: aunque me gustan mucho el cine y la música, no me matan las películas musicales. Para mi gusto, la mayoría de las cintas de este género no le hacen honor a ninguna de las dos artes. Usualmente su fórmula consiste en ofrecer historias bastante sosas, e interrumpirlas cada tanto de manera abrupta con canciones pegajosas y numerillos de baile que no agregan nada a la narración y que sólo buscan cautivar al público.

Y aunque no me matan los musicales, allí estaba yo en primera fila, rogando para que el último número de Chicago nunca terminara. ¿Será que Renée Zellweger y Catherine Zeta-Jones produjeron en mí el milagro de la conversión que no había logrado Marilyn en Los caballeros las prefieren rubias o Julie Andrews en La novicia rebelde? No: aunque las dos protagonistas de Chicago aparecen sencillamente maravillosas en ese último número, no lograron mi conversión. De hecho, ni siquiera ha habido conversión: los musicales tradicionales me siguen pareciendo aburridores. En cambio, este nuevo género que se está incubando...

Hablo de un nuevo género, porque ya no se trata de historias sosas interrumpidas a las patadas por numerillos musicales. Se trata de un nuevo tipo de espectáculos cinematográficos –más influenciados por los videoclips que por los musicales tradicionales— en los que la historia, las canciones y el baile se unen en una simbiosis refrescante. Los antecedentes se encuentran en cintas como Moulin Rouge, pero también en espectáculos como Stomp, aquella combinación de baile y percusión que hace una década revolucionó a Broadway (aunque ahora aparezca desvirtuada en la televisión paga en vulgares comerciales de celulares).

Pero mientras Moulin Rouge era caótica, Chicago es una pieza de alta precisión. Allí se nota la mano del director Rob Marshall, un consumado coreógrafo devenido cineasta. Con una edición casi perfecta (aunque no pueda disimular las evidentes limitaciones de Richard Gere para bailar tap), y a pesar de algunos lugares comunes (el número que empieza con el goteo de una llave parece robado de Stomp), Chicago logra seducir incluso a los espectadores que no nos morimos por los musicales. Y desde ya huele a premios Oscar.

Publicado en la revista Cambio. ©Casa Editorial El Tiempo - Todos los derechos reservados

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