Nombre: Camino a la perdición
Categorías: Drama, Aventura, Basado en una novela, Cómics
Director: Sam Mendes
País: Estados Unidos
Año: 2002

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Mauricio Reina * * *

Camino a la perdición (2002)

Bella sin alma

Hace dos años Sam Mendes tuvo un sorprendente debut en el cine al dirigir Belleza americana, una cinta implacable que ganó la bobadita de cinco premios Oscar, entre ellos los de mejor película y mejor director. Ahora el cineasta británico regresa con Camino a la perdición, una película que confirma la maestría de su director, al tiempo que desconcierta al espectador con una historia fría y distante.

Y es sorprendente que la historia sea fría, cuando cuenta con todos los elementos para ser una catarata de emociones. La película se desarrolla en la época del célebre Al Capone y cuenta la historia de Michael Sullivan (Tom Hanks), el hombre de confianza de John Rooney (Paul Newman), uno de los jefes más importantes de la mafia de Chicago. Rooney ha sido como un padre para Sullivan desde que lo encontró en un orfanato, tanto que su hijo Connor se siente desplazado. Un día los celos de Connor estallan, y decide asesinar a la esposa de Sullivan y a uno de sus hijos. Cegado por el dolor, el hasta entonces fiel servidor decide cobrar venganza, ayudado por su hijo de doce años.

¿Cómo es posible que semejante drama sea frío y distante? A mi juicio hay dos respuestas. Por un lado, la película no profundiza en el mundo interior de los personajes, y lo que habría podido ser un agudo estudio de las emociones humanas termina reducido a un encadenamiento de tragedias ordenadas por un destino inevitable. De otra parte, si bien la dirección de Mendes es brillante, hay que advertir que su sentido de la estética es tan refinado que muchas de las escenas de la película lucen excesivamente postizas y artificiales. Y ahí radica la gran paradoja de Camino a la perdición: mientras más se deslumbra el espectador con la belleza formal de la película, más se aleja emocionalmente de lo que les pasa a los personajes.

Paul Newman y Tom Hanks cumplen en sus papeles, si bien la elección del segundo como matón a sueldo luce bastante forzada. Quien se roba las palmas es Jude Law, que ayudado por un magnífico trabajo de maquillaje encarna a un asesino cínico y despiadado, que resulta ser el más malo de todos los malos. Y eso en una película de mafiosos es bastante.

Publicado en la revista Cambio. ©Casa Editorial El Tiempo - Todos los derechos reservados

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