Nombre: Match Point
Director: Woody Allen
Año: 2005

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno * * * *
Mauricio Reina * * * ½

Match Point (2005)

La otra cara de la comedia

"I used to think you were mad. But I understand now. Yes, you're mad but there's a certain reasoning behind it. There's a little childlike spot of magic. A little bedtime thing. You need to finish the story. Dear Marvin. Without the final link to the baseball there's no way to be sure how the story ends. What good's a story without an ending?"

D. de Lillo, Underworld

«¿Nora o Chloe?» es sólo una versión de una pregunta más general: ¿Emily o Victoria? ¿Midori o Naoko? ¿Lust or love?. Tal vez lo mejor de Match Point es que sea una historia casi obvia, casi trillada, casi vista mil veces antes, la casi repetición de la pregunta tonta y fundacional de tantas ficciones previas. Ya el adelantado Jaime Ernesto lo había advertido. Lo importante aquí, de todos modos, es reconocer el casi, porque de ahí es que se desprende el pero y de ese otros cuantos.

Esta película es un peral lleno de frutos jugosos y frescos. Es una película arriesgada que, como Chris, su protagonista, juega todo el tiempo al borde de lo tolerable: de visitante en Londres, sin su director actuando -¡casi un sacrilegio!-, sin su director autobiografiándose -¡herejía!-, reemplazando la pseudointelectualidad newyorkina por la poshness londinente, recurriendo a recorrer los labios de Scarlett Johansson, telenovelizando en pantalla grande. Su éxito o fracaso, nos hace sentir, es pura cuestión de suerte.

«Nos hace sentir», sí. En realidad todo es premeditado. Match Point no es un golpe de suerte del anciano y decadente Woody Allen. No hay apuestas. O tal vez sí. Tal vez si el director fuese otro, si no tuvieramos a Woody Allen detrás de la cámara y omnipresente -aunque en apariencia ausente- frente a ella, esta película sería un salto al vacío con los ojos cerrados. Pero el asunto es que sí contamos con Allen y, al final del juego, cuando el Match Point se decide, nos damos cuenta de que lo que creímos riesgoso era un simple ejercicio lúdico de Allen, de que el drama -este hiperdrama a todos los niveles- es sólo otro rostro de la comedia (¿acaso una revisión de Melinda and Melinda?). Cuando uno es un cabrón talentoso, supongo, puede darse esos lujos. Allen no sólo lo es sino que lo sabe, y le encanta sacarnos la lengua.