Nombre: El cuarto verde
Categorías: Drama
Director: François Truffaut
Año: 1978

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eduardo nabal aragon

El cuarto verde (1978)

El altar de los muertos

La habitación verde, de ambientación decimonónica y basada en un relato breve de Henry James, es uno de los filmes de Truffaut que mejor han resistido el paso del tiempo. Y no lo es debido a su contextualización en el pasado o a su soporte literario-algo ya presente en otras películas suyas- sino gracias a la extraordinaria sobriedad, lirismo y dolor que el realizador francés pone en su filme, realizado en 1977 y todavía mal conocido, a pesar de tratarse no sólo de una rareza sino de una verdadera obra maestra. Un filme como La chambre verte debería hacer hoy, desde su modestia y economía de medios, enrojecer a muchas de  las adaptaciones literarias y ampulosas recreaciones históricas del siglo XIX que se han venido dando a lo largo de las últimas décadas. Frente a la bella pero  algo estática frialdad del tandem Merchant-Ivory (que también ha adaptado a James con desiguales resultados) o a los numerosos filmes que se han hecho sobre la narrativa de Jane Austen, Thackeray, las hermanas Brönte, Tomas Hardy o E. M. Forster entre otros, que, en ocasiones, transmiten una sensación decorativista y estática, filmes como La habitación verde (a pesar de su fúnebre argumento y su necrófila filiación) de Truffaut, Las hermanas Brönte de Téchiné o (en otro registro) Tess de Polanski traspiran vitalismo y sentimientos a flor de piel.

La habitación verde es una historia intimista y “de cámara”, un filme a la vez sencillo y terriblemente complejo por sus implicaciones filosóficas y mucho más audaz de lo que parece en sus ambiciones estéticas. Así las fuentes de las que bebe Truffaut no son solo la prosa laboriosa, honda y magistral de James sino también la de otros grandes del cine (como el Hitchcock de Vértigo), algunos títulos de Bergman o sus propias obsesiones personales y artísticas.

Truffaut que denunció la tendencia de “calidad” del cine francés de los cuarenta y cincuenta, basado muchas veces en obras literarias escrupulosamente traspasadas al cine, y fue uno de los abanderados de la “nouvelle vague” con filmes como Los cuatrocientos golpes o Jules et Jim (que ya era una adaptación literaria) realizó sus mejores filmes a partir de libros, lo que no quiere decir que pecara de aquello mismo contra lo que, hoy vistas, puede parecer una furia excesiva sino que como, en mayor medida, su idolatrado Hitchcock creía que el material literario podía ser solo una excusa, en este caso una buena excusa, para hacer algo plenamente cinematográfico. Así en el propio filme el director francés no duda en incluir una foto en blanco y negro del propio James formando parte de ese fúnebre altar que ha erigido en las memorias de sus seres queridos muertos y sobre todo, en la memoria,de su esposa, a la que habla como si estuviera viva.

El trastorno psicológico del personaje principal- encarnado por el propio realizador- no está dado en términos patológicos sino casi metafísicos. (Nombre) ama más a los muertos que a los vivos o como dice su joven amiga – que lo acabará amando- “ama a los muertos contra los vivos”.

Más que fiel a su recuerdo o amante de lo que fue el protagonista de La habitación verde, como el Scottie de Vértigo de Hitchcock está enamorado de una muerta. Loco por un fantasma. Pero, todavía mas extremo, Charles ha convertido su amor a su difunta esposa y a los camaradas que perdió en la primera guerra mundial en una filosofía de la vida y en la razón última de una existencia gris en la que trabaja en un periódico y comparte su casa con una anciana sirvienta y el hijo de ésta, un muchacho casi sordomudo, que en algunos momentos sirve al realizador como vehículo de la mirada del espectador, que Truffaut pretende, como en otros filmes, parta de la inocencia.

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