Nombre: Bossa Nova
Categorías: Comedia, Romance
Director: Bruno Barreto
Año: 2000

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Mauricio Reina * * ½

Bossa Nova (2000)

Pianista de hotel

En pocas ocasiones el nombre de una película evoca de manera tan precisa sus virtudes y defectos como en el caso de Bossa nova, el más reciente trabajo de Bruno Barreto, el director de Doña Flor y sus dos maridos. Y es que la simple mención del nombre de la cinta recuerda de inmediato ese género musical brasileño que tanto ha influenciado la música popular contemporánea. Pues bien, los dos Bossa nova –el filme y el género musical— se parecen en que ambos tienen virtudes artísticas innegables, a la vez que pueden llegar a ser profundamente intrascendentes y anodinos.

Empecemos por el género musical que irrumpió en la escena internacional a comienzos de los años sesenta, cuando el saxofonista Stan Getz ganó un premio Grammy por su interpretación de la canción Desafinado de Antonio Carlos Jobim y Joao Gilberto. A partir de ese momento el bossa nova, con sus innovaciones armónicas y sus pegajosas líneas melódicas, se metió de lleno en las entrañas de la música popular internacional. Pero así como los valores artísticos del bossa nova son innegables, no se debe ignorar que puede llegar a ser la música más aburridora e intrascendente del planeta. Basta escuchar al pianista del lobby de cualquier hotel interpretando La chica de Ipanema para comprobarlo.

Algo parecido sucede con el filme: a pesar de contar con un elenco profesional, un guión entretenido y una dirección acertada, tiene tantos lugares comunes e ingredientes insípidos que el resultado final luce por momentos como el bossa nova del pianista de un hotel: desangelado y trasnochado.

La película gira alrededor del romance de Pedro Paulo (Antônio Fagundes), un abogado carioca recién separado, y Ann (Amy Irving), una viuda estadounidense que dicta clases de inglés en Río de Janeiro. Infortunadamente la relación de estos amantes maduros no resulta muy convincente, en buena parte debido a la floja actuación de Amy Irving, quien hace gala de una inefable incapacidad para transmitir emoción alguna. Por eso uno se pregunta por qué una actriz tan limitada fue escogida para el papel protagónico. Y uno mismo se responde: porque es la esposa del director.

Lo que mejor funciona de la cinta es el tono de comedia. La película tiene un buen número de pasajes graciosos, que corren por cuenta de unos actores de reparto que se lucen en sus papeles. La caracterización de Acacio, el jugador de fútbol que toma clases de inglés porque acaba de ser vendido al Manchester United, así como la de su empresario, son memorables. También sobresale el personaje del hermano de Pedro Paulo, un hombre tímido y romántico que quiere tener un traje color Campari y canta de memoria la clásica canción de Charles Trenet Que reste-t-il de nous amours.

Y aparte de un romance inverosímil y varias anécdotas graciosas, ¿qué más ofrece la película? Lugares comunes, como la escena de Pedro Paulo y Ann bailando en un escenario de Broadway; excesos almibarados, como la banda sonora que abusa hasta la náusea de la Samba de una sola nota de Jobim; un desenlace gratuito, en el que los romances se resuelven de cualquier manera; y un error imperdonable, cuando un personaje dice que el mambo se inventó en Colombia y Venezuela. A propósito: no estaría mal que los pianistas de hotel tocaran de vez en cuando un mambo en lugar de la consabida Chica de Ipanema.

Publicado en la revista Cambio. ©Casa Editorial El Tiempo - Todos los derechos reservados

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