| Nombre: | Boogie Nights |
| Categorías: | Drama |
| Director: | Paul Thomas Anderson |
| Año: | 1997 |
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Boogie Nights (1997)
Valió la pena esperar dos años...
Boogie Nights cuenta la historia de un grupo de personas que se dedican a hacer películas pornográficas en California a finales de los años setenta. Probablemente un argumento como este logre espantar a más de un espectador. Y no sería extraño. Bastaría recordar qué aburridas resultaban aquellas cintas para adultos llenas de personajes con frondosas melenas, pieles rosáceas y camisas de seda, para concluir que esa historia puede ser la base para una pésima película.
Pero Boogie Nights no sólo no es una pésima película, sino que es excelente. El director Paul Thomas Anderson logra con su segundo largometraje un filme notable en el que explora minuciosamente las ambiciones, las pasiones y las tragedias de un puñado de personajes que luchan por aferrarse a efímeros instantes de gloria, mientras los arrastra el implacable torbellino de la decadencia. Con una frenética narración cinematográfica, Anderson lleva de la mano al espectador a través de una historia marcada por los ingredientes típicos de las películas que evalúan la búsqueda de la fama: envidia, talento, sexo y dinero.
Pero en este caso la fama está circunscrita al mundo subterráneo del cine pornográfico. Eddie Adams, un joven que se gana la vida lavando platos en un centro nocturno de Hollywood, es descubierto por Jack Horner, un experimentado director de películas para adultos que ve en él un enorme potencial. A partir de ese momento, Horner y su equipo de producción se convierten en la familia que Eddie nunca tuvo. Gracias a su protuberante talento, el muchacho cabalga de manera vertiginosa hacia la fama hasta que la droga y su propia soberbia lo llevan a estrellarse contra la pared.
El mayor mérito de Boogie Nights consiste en lograr que el espectador sienta que las vivencias que ofrece la pantalla son reales. Y en ese logro buena parte de los créditos se los lleva un magnífico grupo de actores y actrices que cautiva desde el primer momento con sobresalientes actuaciones. Burt Reynolds, el símbolo sexual de los años setenta que llegó a posar desnudo para la revista Cosmopolitan, logra una magistral representación de Jack Horner. A estas alturas está claro que fue una gran injusticia que Reynolds no hubiera ganado el Oscar como mejor actor de reparto en 1998. Mark Wahlberg, quien sólo era reconocido por algunos como modelo de propagandas de pantaloncillos y cantante de un mediocre grupo de Hip-hop, resulta sorprendente en su papel de la joven estrella porno. Como si fuera poco, en medio del notable elenco sobresale una pequeña joya: la actuación de William Macy como un marido cornudo que lo dice todo con la mirada.
El uso que Anderson hace de los recursos cinematográficos en Boogie Nights es admirable. Un ejemplo de ello es la memorable escena en la que Eddie y sus amigos tratan de estafar a un comprador de cocaína con un paquete de bicarbonato de sodio. La tensión que se logra es tan grande, que la escena podría haber durado otro par de minutos sin que decayera la atención del espectador. Pero más allá del acertado uso de la cámara y la magnífica ambientación que evoca a la perfección los años setenta, lo que verdaderamente impresiona de esta cinta es el acople que logra de la entrañable banda sonora con la edición de las escenas. Esta combinación de elementos permite que el espectador llegue al final de las dos horas y media queriendo que la cinta no hubiera terminado.
Un mensaje final para tranquilizar a los que creen que las buenas costumbres se preservan tratando de tapar el sol con las manos: Boogie Nights no es una película pornográfica. Su moral va mucho más allá de nuestra frágil ética cotidiana. Es un filme brillante que nos recuerda que las cosas que verdaderamente destruyen las entrañas de los seres humanos son tan simples como la ambición, la deslealtad y la ausencia de cariño.
Publicado en la revista Cambio. ©Casa Editorial El Tiempo - Todos los derechos reservados
