Nombre: Bailarina en la oscuridad
Categorías: Drama, Musical
Director: Lars von Trier
País: Dinamarca
Año: 2000

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Mauricio Reina * * * ½

Bailarina en la oscuridad (2000)

Saquen los pañuelos

Desde hace rato tenía ganas de ver Bailarina en la oscuridad. Y no porque creyera a ojo cerrado que era una buena película, sino porque había leído tantas cosas sobre ella que quería conocer el motivo del alboroto.

La cinta tenía los mejores antecedentes: en el Festival de Cannes se llevó la Palma de Oro y el premio a mejor actriz, en los Globos de Oro tuvo dos nominaciones y, como si fuera poco, en los Premios Goya se llevó el galardón como mejor película europea. Sin embargo, tenía mis reservas sobre el trabajo del director Lars von Trier. Por un lado, el danés fue confundador del movimiento Dogma, ese embeleco que dice que el cine se debe hacer como películas de Primera Comunión, con la cámara en la mano, sin iluminación especial y sin efectos de ninguna índole. Por otro lado, las cintas que había visto de él no me habían parecido nada especial: Contra viento y marea, a pesar de su gran reconocimiento internacional, me pareció un poco aburridora, y Los idiotas me acabo de convencer de que el Dogma es una soberana bobada.

Así, con más dudas que certezas, fui a ver la cinta en una función de sábado por la noche con sala repleta. Y a pesar de todos los factores en contra (las casi dos horas y veinte minutos de proyección, los timbres de celulares que sonaban aquí y allá, la romería de gente que iba al baño a sonarse y volvía a la sala a seguir llorando, y los grandes esfuerzos de von Trier por distraer al espectador con sus caprichosos movimientos de cámara y su edición errática), salí con la certeza de que Bailarina en la oscuridad se merece de sobra los premios que ya le dieron y los que le darán.

A pesar de tratarse de un musical –género en el que, como dice uno de los personajes de la película, nunca pasa nada malo— el argumento del filme es una tragedia. Selma es una mujer checoslovaca que ha migrado a los Estados Unidos y tiene un mal hereditario que la está conduciendo a la ceguera. Ella trabaja en una fábrica y adora las películas musicales, pero ante todo tiene un propósito en mente: ahorrar cada centavo para operar a su pequeño hijo y evitar que él también quede ciego. Pero cuando el hombre que le arrienda la casa a Selma le echa el ojo a sus ahorros, se desencadena una tragedia de talla mayor que no comento para que ustedes puedan disfrutarla.

Cuando un director lleva una historia como estas a la pantalla hay dos opciones: o le resulta un melodrama manipulador que indigna al espectador, o le sale una película conmovedora que lleva al público a las lágrimas. Bailarina en la oscuridad pertenece a la segunda categoría, gracias a la magistral actuación de la cantante islandesa Björk, quien ha jurado que nunca volverá a actuar, quizás aburrida de sus peleas con el director danés. (Von Trier, por su parte, ha afirmado que la experiencia de trabajar con Björk fue muy desagradable.)

Y hablando de von Trier, ojalá la experiencia de esta cinta lo haga dejar de lado esas bobadas de mover la cámara como si estuviera borracho y editar las escenas a las patadas. En medio del estilo descuidado y mareador del Dogma, que impera en buena parte de la película, sobresalen los números musicales con una composición tan admirable, unos encuadres tan bien logrados y una edición tan depurada, que es una verdadera lástima que el talento del danés se malgaste en películas hechas de cualquier manera como Los idiotas.

Publicado en la revista Cambio. ©Casa Editorial El Tiempo - Todos los derechos reservados

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