Nombre: El gran pez
Categorías: Drama, Comedia, Fantasía, Comedia dramática, Basado en una novela, Familiar
Director: Tim Burton
País: Estados Unidos
Año: 2003

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno

El gran pez (2003)

Las ausencias

Mientras crecía, mi papá siempre estuvo lejos. De cierta manera, su presencia fue sustituida por una serie de reportes por capítulos en forma de postales y cartas. Mi papá distante era un viajero empedernido que nos prometía, a mi hermana Liliana y a mi, pedazos de esas tierras lejanas donde ponía pie por casualidad, placer o trabajo. Fueron nuestras, al menos en sueños, algunas baldosas de las escaleras del Taj Majal, los buses coloridos de Manila, un par de jugosos higos en un día caluroso en Marakesh, una noche de fuegos artificiales en Pekín, su ventana que miraba a la torre Eiffel, las calles atestadas de gente de Tokio, una pieza de bandoneón en Buenos Aires, las lúgubres calles de la noche londinense, una tienda de juguetes en Chicago. Mi padre y sus viajes cubrieron homogéneamente mi infancia de fantasías de tierras inalcanzables. Con el tiempo he ido intentando hacerlas mías una a una. Por eso, cuando Alejandro me dijo que escribiera algo acerca de Big Fish, lo dudé un rato. Esa película me sabe a mí y últimamente no me gusta hablar mucho de mí mismo.

Basada en la novela homónima del escritor norteamericano Daniel Wallace (Big Fish: a novel of mythic proportions), esta película puede ser fácilmente vista como una aplicación de la teoría del realismo mágico al contexto sociocultural del sur de Estados Unidos. Edward Bloom está muriendo. Su hijo, William, radicado en París, es informado y tras pensarlo un poco, decide ir con su esposa a acompañar a su madre durante los últimos días de Edward. ¿Recuerdas, William? ¿Recuerdas cómo naciste? ¿Recuerdas, Edward? Los recuerdos de Edward han sido cristalizados por el tiempo, el pasado no es lo que solía ser sino que ha sido infectado (¿es esa la palabra apropiada? ¿no sería mejor bendecido?) por su imaginación. Todo luce grande, portentoso, maravilloso. Edward no es un hombre, Edward es sus mitos. Pero en últimas ¿Quién es Edward?. William se pregunta lo mismo, lo poco que sabe de su padre lo ha conocido a través de sus historias, narraciones fantasiosas llenas de personajes irreales y situaciones increíbles. Su padre es un manojo de mentiras, piensa William, y quizás tiene razón. Pero, por otro lado, ¿quién no lo es? ¿quién no recuerda sólo lo que quiere recordar? ¿hasta qué punto no es la historia una colección de ficciones con interferencias añadidas con el propósito agregar realismo?

Detrás de la película es clara la firma de Tim Burton. ¡Qué bueno es verlo de nuevo! Siempre sorprendiendo, siempre inmerso en proyectos interesantes (aquellos aficionados de la animación les recomiendo la serie de Stain Boy).

Big Fish no es la excepción, afortunadamente. Disfruté mucho los detalles, los efectos especiales discretos, las poéticas escenas que enmarcan la historia de amor de los padres de William (me encantó la escena en el circo), la surrealista operación en Vietnam. La puesta en escena es casi perfecta. Algunos personajes se quedan cortos pero, por fortuna, aquellos en los que, en mi opinión, recae el peso del drama, McGregor, Crudup y Finney, hacen un trabajo loable.

Big Fish es una película bonita, para ver con la familia y los amigos. No lo confundirá. Es una película obvia, sin giros, ni esquinas, ni cabos sueltos. ¡no importa! Vale la pena verla por varias razones: porque es hecha por Burton, porque McGregor suena gracioso hablando con fuerte acento sureño, porque Jessica Lang luce hermosísima, porque no se encasilla y fluctúa entre la comedia y el drama, porque lo hará sonreír y porque a veces hace falta un poco de fantasía para seguir creyendo que hay algo cierto. Me dejó con ganas de leer el libro, lo voy a comprar la semana que viene.

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