Nombre: Anochecer de un día agitado
Categorías: Comedia, Musical
Director: Richard Lester
Año: 1964

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Mauricio Reina * * *

Anochecer de un día agitado (1964)

La edad de la inocencia

La canción A hard day’s night es un clásico. Basta oír su primer acorde, ese contundente guitarrazo que despabila a cualquiera, para identificarla de inmediato. Y es que esa canción, como tantas otras de Los Beatles, ha superado una de las pruebas más difíciles que puede enfrentar una obra musical: el paso del tiempo. Hoy, casi cuarenta años después de su lanzamiento, millones de personas en el mundo la cantan, y no sólo como una curiosidad del pasado sino como un tema inmortal.

En cambio a la película A hard day’s night (traducida al castellano como Anochecer de un día agitado) le pesa el tiempo. A diferencia de filmes como 2001 Odisea del Espacio, que conserva intacta su calidad a pesar de haber sido producida hace más de tres décadas, a la cinta protagonizada por los cuatro de Liverpool se le nota el paso de los años. Pero como en el caso de los buenos vinos, sus virtudes mejoran con la edad: el filme es un excelente documento histórico sobre uno de los más importantes grupos de la música popular.

La cinta ofrece una cándida visión de cómo eran Los Beatles a mediados de los años sesenta. Desde la secuencia inicial, en la que cientos de fanáticas histéricas se abalanzan sobre los músicos en una estación de trenes, hasta su memorable presentación en un programa de televisión, los espectadores vemos a unos Beatles ingenuos, cuya inocencia contrasta con la madurez que cada uno de ellos fue adquiriendo con los años. (Está bien, no todos: hay que ver lo que son Paul y Ringo...) Y es que cuesta creer que esos muchachitos saltarines y despreocupados que vemos en la película hayan sido los mismos que cambiaron la historia de la música y la cultura popular.

Cuando se estrenó en 1964, Anochecer de un día agitado fue toda una revolución. En su intento de darle a la cinta una apariencia de documental, el director Richard Lester explotó a fondo recursos como el uso de cámaras al hombro y una edición frenética. Esas técnicas ya habían sido utilizadas por algunos directores de la llamada Nueva Ola francesa, pero fue el filme de Lester el que las convirtió en patrones a seguir para las nuevas generaciones. Y aunque al ver la película en el presente luzcan algo obvias y reiterativas, basta ver cualquier video-clip musical para comprobar la magnitud de su legado.

Pero la audacia del director de Anochecer de un día agitado contrasta con la ingenuidad de su guión y la intrascendencia de las situaciones que plantea. A lo largo de la cinta abundan secuencias largas y anodinas, que proponen un humor bastante tonto y carecen de ritmo. Y aunque en su momento esa intrascendencia argumental era comprensible –al fin y al cabo el propósito esencial del filme era que los fanáticos vieran a sus ídolos—, en el presente la cinta luce más sosa que lo que uno quisiera.

Pero, como ya se dijo, lo más importante de la película es su valor como documento histórico. Y es que uno no puede perderse los saltitos tímidos de George mientras canta, ni la histeria de las jóvenes fanáticas (una de ellas ni siquiera había terminado de mudar los dientes), ni esa rarísima versión de A hard day’s night que se oye en la banda sonora (más parecida a My favorite things de John Coltrane que a sí misma, hay que decirlo). Y menos aún puede uno perderse la oportunidad de ver a Los Beatles interpretando varias de las canciones que se convirtieron en la banda sonora de aquellos días en los que aún disfrutábamos de un tesoro ya irrecuperable: la edad de la inocencia.

Publicado en la revista Cambio. ©Casa Editorial El Tiempo - Todos los derechos reservados

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