| Nombre: | Amor a segunda vista |
| Categorías: | Comedia romántica |
| Director: | Marc Lawrence |
| Año: | 2002 |
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Amor a segunda vista (2002)
Química
Por lo general las comedias románticas no son ni lo uno ni lo otro. No suelen ser comedias, porque los productores creen que el humor inteligente impide que el público se tome en serio el romance. Y no suelen ser románticas, porque los protagonistas casi siempre son un par de maniquíes, atractivos pero incapaces de transmitir emoción alguna al espectador.
Claro que a veces hay algunas buenas comedias románticas, que yo clasificaría en tres grupos. El primero es el de las inglesas: cintas como el diario de Bridget Jones o Notting Hill han significado una ráfaga de aire fresco para el género, gracias a su delicioso humor británico. El segundo grupo es el de las comedias producidas o escritas por judíos: películas como Besando a Jessica Stein demuestran que el agudo humor judío-americano interpreta como pocos los dilemas afectivos contemporáneos (para no hablar de esa joya que es la serie de televisión Seinfeld). El tercer grupo es muy reducido, y corresponde a una que otra sorpresa que de manera excepcional nos ofrece la maquinaria de Hollywood.
Amor a segunda vista pertenece a ese tercer grupo. Si bien cuenta con la presencia de Hugh Grant, el actor por excelencia de las comedias románticas británicas, es una película producida y protagonizada por Sandra Bullock, quien al lado de Julia Roberts representa el paradigma made in Hollywood. En este caso Sandra se embocó, porque si bien Amor a segunda vista no pasará a la historia, es una comedia romántica que es comedia y es romántica.
La película funciona por dos motivos. El guión posee un humor superior al del promedio de las cintas del género y no insulta la inteligencia del espectador. Pero el verdadero secreto de la película radica en la monumental química que hay entre Sandra Bullock y Hugh Grant. Durante la proyección el espectador asiste a un coqueteo de marca mayor, al punto que uno se pregunta si la pareja no se habrá enamorado durante el rodaje. Quienes vean las secciones de farándula de los noticieros seguramente tendrán la respuesta. Yo no las veo, porque me parece que esas secciones son la prueba fehaciente de que la civilización occidental fracasó. Y aún no estoy preparado del todo para asimilarlo.
Publicado en la revista Cambio. ©Casa Editorial El Tiempo - Todos los derechos reservados
