Nombre: Tarnation
Categorías: Drama, Documental
Director: Jonathan Caouette
Año: 2003

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno * * * *

Tarnation (2003)

Las lágrimas de Caouette

La vida licenciosa que intenté adoptar durante tercer y cuarto semestre de universidad fue apaciguada de manera estricta por la disciplina ferrea de mi abuela, que no toleraba mis llegadas después de las 10 de la noche no importaba el día. Las llegadas tarde que tanto molestaban a mi abuela se debían a las escapaditas luego de la universidad que varios amigos y yo nos pegabamos a una tienducha decrépita perdida en el barrio La Soledad donde teníamos mesa reservada a partir de las cinco en una salita oculta tras una cortina de terciopelo rojo detrás de la sección general. A pocos les era permitido el acceso al selecto lugar y la cerveza era barata, así que era el lugar perfecto para departir y ahogar las penas del curso de cálculo vectorial que nos sacaba chispas. En esa tienducha varias duraderas relaciones de amistad o romance se iniciaron y rompieron. De cariño le decíamos El cubil felino porque la dueña tenía cara de gato.

Una noche, al lado de nuestra mesa estaban sentados cuatro o cinco obreros gordinflones y parlanchines que discutían a grito herido lo que uno de ellos debería hacer con su mujer infiel. El cornudo escuchaba y de vez en cuando intentaba apaciguar los ánimos de sus compadres, quienes insistían en el uso necesario de la violencia para ajuiciar las malas mañas de la arrabalera ésa. La mesa estaba repleta de botellas de cerveza y la cuarta botella de aguardiente iniciaba su cierre. Se notaba, aún sin saber detalles, que la pena era honda y dolorosa. Con el paso de las horas, el rostro de la víctima se enrojeció más y más, ya casi no subía la cara y los ojos le colgaban como lágrimas pesadas de las órbitas, a un paso de resbalarse por su propio peso y reventarse contra el suelo.

«Ese man se va a guasquiar», profetizó Pedro. «No aguanta a la siguiente ronda», dijo Arturo. «Cinco mil a que sí», dijo Freddy. «Uy, ya nos pusimos sangrientos», dijo Adrián. «¿Será?», preguntó Javier y toda nuestra atención durante la siguiente media hora se concentró en la cara sudorosa del curtido obrero de camisa beige y bigote stalin y su contonéo constante que solo aumentaba las probabilidades de que Pedro estuviera en lo correcto y Arturo ganara cinco mil pesos. Tras treinta minutos de paciente espera en la que nuestro nivel de conversación se redujo casi al mínimo debido a la tensión de la apuesta en proceso, el obrero se dejó llevar por una de las arcadas recurrentes y soltó literalmente todo lo que tenía adentro sobre el tapete de la tienda. El olor era insoportable y nos tuvimos que ir ahí mismo. Doña Sara, la dueña, estaba apenadísima y nos prometió que, la próxima vez, la primera ronda iría por su cuenta. Antes de salir, no pude evitar observar que la silueta del vómito multicolor del obrero engañado sobre la superficie morada del tapete viejo parecía una pintura de Pollock. Se lo hice notar a Javier y él sarcásticamente me dijo «pero carece de intencionalidad artística».

La anécdota es larga y penosa pero me sirve para ejemplificar muy bien la sensación que me produjo al final Tarnation, el autoretrato documental de Jon Caouette que narra por medio de un vidéo musical continuo la historia de su familia concentrado particularmente en el drama de su madre, quien debido a tratamientos de electrochoques en su adolecencia, perdió la razón —pero no el brillo de los ojos—. El drama de su madre, por supuesto, también es el suyo. Mientras escribo esto tengo a Tarnation en el fondo ambientando la insípida sala. Es dificil saber si estamos ante una obra de arte genial o un accidente. Es dificil, también, no ceder un poco hechizado por las poeticas composiciones audiovisuales de Caouette, quien se excusa en un supuesto síndrome de despersonalización que sufrió tras fumarse a los catorce años dos cigarrillos de marihuana empapados en formaldeido (uno de los químicos que Mónica usa para fijar tejido nervioso, si no estoy mal) y condimentados con una pizca de PCP (a.k.a.) Polvo de Ángel. «Sufrir de despersonalización es como vivir continuamente en un sueño», dice, «hay días que me gustaría poder despertarme».

Como en Capturing the Friedmans, Tarnation está basada en un archivo personal de videos caseros y fotos viejas. Las similaridades se terminan justo ahí. Mientras Capturing utiliza los videos caseros de los Friedman como material de apoyo para hilar la historia, Tarnation está completamente centrado en ellos. La obsesión de Caourette por su propia imagen es evidente. Luego de verlo actuar monólogos de prostitutas desde los once años, sus lágrimas al recibir la noticia de la sobredosis de litio de su madre pierden realismo. Uno no sabe bien si todo esto no es una payasada más de Caouette o si realmente hay un valor emocional personal en las imágenes. Eso no debería importarme, pero lo hace porque su actitud excibicionista me produce desconfianza, presiento un aura de malignidad detrás de sus ojos de pescado y su carita de princesa goth. Su ternura no me convence. O no sé.

La han aplaudido mucho. Gus van Sant le puso el sello aceptando ser su productor ejecutivo, Sundance la premió y todo el mundo habla del potencial de Courette y la fuerza de su obra, hasta los geeks de Wired la veneran como la primera película aceptada en festivales grandes hecha completamente con iMovie (el presupuesto para hacerla está por debajo de los 1000 dólares). Yo dudo que Caouette vuelva a dirigir algo más. Sea o no sea una obra maestra, creo que Caouette es de esas personas cuya producción artística se compone de una sola pieza. Una pieza larga cuyo desarrollo accidentado le toma una vida o más de una. He aquí el vómito de la borrachera de 30 años de Caouette. Hay algo admirable en Tarnation, hay algo que cautiva; probablemente sea esa sincronización entre imágenes, texto y música, quizás sea el tono agridulce de la historia, ese sabor a pesadilla psicodélica, se acabó por segunda vez y sigo dudando. Me pasó lo mismo con The brown bunny, pero bueno, al menos ésta tiene un tono optimista.

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