Nombre: My own private Idaho
Categorías: Drama, Erótico, Aventura
Director: Gus van Sant
Año: 1969

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Javier Moreno * * * *

My own private Idaho (1969)

Un buen día

Hablar de My own private Idaho tras ver Tarnation es natural, casi obvio. Después de todo, Scott y Mike, los muchachos de Idaho, son cristalizaciónes de lo que Caourette fue —¿o es?—. Las conexiones no terminan ahí. Ambas cuentan viajes en buqueda de una madre perdida. La de Caourette desapareció en si misma mientras que la madre de Mike de difuminó sin rastro para, en compensación, poblar sus sueños narcolépsicos que lo asaltan mientras vaga por las calles de Portland, Seattle, Roma y una carretera rural de Idaho, junto a Scott, buscando un poco de dinero, desesperados, poseidos por personajes Shakespeareanos, compartiendo algo de comida con sus iguales en un comedero barato.

El amor de Mike por Scott es tímido. Mike quiere un poco de cariño, un abrazo de Scott, que lo protege y lo guía y lo cubre con su chaqueta cuando tiene sus ataques. La vida de Mike es vacía: sexo congelado, un par de lineas de coca robadas, el asfalto. Scott es distinto. Scott lo tiene todo pero no quiere nada. Él sabe que un día, sin mayor esfuerzo, podrá retornar a la seguridad que brinda el dinero. Scott no quiere a Mike, Scott no quiere a nadie, es egoista y sólo quiere humillar a su padre, hacerlo sentise mal, avergonzarlo. La aventura que emprenden es dispar y agria. El encuentro con el hermano de Mike sólo empeorará las cósas y unas bucólicas colinas de Italia serán el lugar elegido para el rompimiento quizás definitivo.

River Phoenix tuvo una carrera intensa y exitosa y una muerte sopresiva y dolorosa. Muchos aún dedican tiempo a pensar en qué diablos se pudo haber convertido. En My own private Idaho hace un magnífico trabajo representando a Mike, convence, conmueve. Keanu Reeves no logra nada más de lo que nunca ha logrado pero las lineas de Shakespeare y el tono teatral le vienen bien a su voz monótona, unidimensional y grave. Gus van Sant crea una atmósfera entrecortada a la Memento contagiandola de la enfermedad de Mike. El ritmo es lento, adormilado, de luces tenues y silencios prolongados rotos por lineas de Henry IV y Henry V y escenas enloquecidas donde Mike y Scott se encuentran con sus excéntricos clientes.

Have a nice day, dice al final. Produce escalofríos. La película es un círculo, no hay progreso, no hay avance. Pareciera que si, pareciera que Scott cambia de ruta, ¿pero de verdad cambia? Pareciera también que Mike encuentra algo, pero todo es un truco de manos sobre él mismo. My own private Idaho, como las mejores películas de van Sant —o como las mejores películas a secas—, no admite una clasificación ni una calificación. Yo no sé por qué insisten los críticos en calificar las películas con números abstractos, alinearlas, medirlas. Ojalá no lo hicieran, los números confunden y las cuadrículas enjaulan. My own private Idaho fue catalogada como una película gay por la crítica gringa, debido a esa clasificación insulsa poca gente la vió cuando fue estrenada, para éso sirven las clasificaciones, para éso sirven los formatos.