Nombre: El código Da Vinci
Categorías: Misterio
Director: Ron Howard
Año: 2006

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Mauricio Reina * *

El código Da Vinci (2006)

Palabras y más palabras

Es asombroso que una prosa chapucera produzca tanta plata. El Código Da Vinci ha generado más de mil millones de dólares en ventas —desde la novela hasta los llaveros— sin contar los ingresos de la película, que recolectó 220 millones de dólares sólo en su primer fin de semana. ¿Cuál es la fórmula de semejante éxito? Un tema polémico, una trama llena de artificios y un reguero de datos que hace que hasta el más desinformado se sienta intelectual.

Los productores de la película han conservado esos mismos ingredientes, porque no hay que arreglar lo que no está dañado y menos si es una máquina de hacer plata. Pero sucede que la receta del libro se pasma en la pantalla, porque el cine es esencialmente visual y la trama de El Código Da Vinci es intensiva en palabras. Para explicar los enredos que en el libro abarcan más de 500 páginas, Langdon y Sophie hablan sin parar durante dos horas y cuarenta minutos.

 

Al privilegiar la explicación de la trama sobre cualquier consideración cinematográfica, la película se convierte en un manual de instrucciones para dummies: ¿Qué es esto? Lo que nos lleva a aquello. ¿Y para qué es aquello? Para descifrar lo de más allá. Con ese estilo escuelero, Tom Hanks y Audrey Tatou nos meten a punta de cháchara en su carrera de observación, limitando las posibilidades de entretenimiento y emoción del filme.

Sobre el pobre trabajo del elenco, conviene señalar que a Tom Hanks le urge controlar esa mueca bucal que le está limitando su rango dramático, y que Ian McKellan sí sabe cómo hacer presentaciones en Power Point. Por último, hay que subrayar que El Código Da Vinci es ante todo una película honesta: cumple lo que promete la novela.

Publicado en el periódico EL TIEMPO (edición nacional). ©Casa Editorial El Tiempo - Todos los derechos reservados