| Nombre: | Sin city |
| Categorías: | Acción, Animación, Policiaca, Thriller, Basado en una novela, Cómics |
| Director: | Robert Rodriguez |
| País: | Estados Unidos |
| Año: | 2005 |
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Sin city (2005)
¿Dónde queda la ciudad del pecado?
Las ciudades cambian de noche, se vuelven monstruos. Es más fácil morir de noche que de día, es más fácil matar. Yo lo he intentado, funciona. Los miopes tenemos noches más oscuras, noches azuladas donde los rostros se diluyen en las sombras y las voces imponen más presencia que los cuerpos. En noches como ésas, noches de miope, entre los restos que irán a la morgue y los que nunca serán hallados, entre los gritos de la victima y el aullido del victimario, deambulan vagabundos cientos de miles. Se muere más fácil, sí, pero también se vive más fácil -mejor-. El equilibrio es importante: se necesitan vivos para crear muertos, y viceversa. Por eso existe Sin City, por el equilibrio, por la necesidad de opuestos, porque a veces donde yo vivo hace buen sol.
Detras de bambalinas, la historia es ésta: Robert Rodriguez, que siempre ha sido un fanático de la serie de comics creados por Frank Miller Sin City, le propone a Miller hacer una película sobre la serie. Miller probablemente recuerda que Rodriguez hizo las horrendas Spy Kids, luego se acuerda de la adaptación vergonzosa que alguien hizo de Daredevil y ésa otra que hicieron por ahí de Elektra y dice "No, gracias, prefiero vivir". Rodriguez es terco, no acepta el No y le presenta a Miller un demo que muestra una historia corta de uno de los comics. Miller luce más convencido pero aún se muestra un poco reacio porque aceptar implicaría corregir guión, discutir guión, burocratizar. Rodriguez le dice que no se preocupe, que el guión ya existe, que lo que él quiere es que Miller sea su co-director (para hacer esto, posteriormente renuncia a su membrecía en la Director's Guild of America y, debido a ello, a la dirección de otra película en proceso). Miller no entiende, pregunta por el guión, Rodriguez saca de la maleta uno de sus libros de comics y le dice: "Lo que usted hizo va a ser el guión, empezamos a filmar la próxima semana".
Cuando hacen adaptaciones del comic a cine, siempre hay un compromiso implicito de preservar la esencia de los libros al llevarlos a la pantalla. Este compromiso tácito usualmente termina logrando que un par de escenas sean bastante cercanas a encuadres de las revistas pero nada más. Jugar con escenografía y cámaras es dificil. Definitivamente, los fanáticos de los comics parecen tener más éxito logrando esto dirigiendo los comics que adoran (e.g. S. Raimy y Spiderman o G. del Toro y Hellboy) que aquellos directores que simplemente buscan un éxito comercial (X-Men, por ejemplo, es una buena serie de películas, pero no es fiel al comic). Como Rodriguez es fiel a Sin City, no es de extrañarse que la adaptación fuera de buena calidad. Sin embargo, el trabajo coordinado con Miller y el uso delicado de los recientemente populares métodos de pantalla verde sobre los que fue filmada toda la película, le permitieron llevar la adaptación a un nivel de coherencia con los libros que yo creo que es dificil de superar. Rodriguez se las arregló para convertir la película en un comic, un extraño comic en movimiento en el que a veces, pese a la pantalla, se logra percibir el paso de las hojas, la suavidad del papel esmaltado, la crudeza del trazo. Los actores, aunque se mueven, están un poco estáticos, parecen pintados y a veces, escuchando sus voces, hasta se presiente globos invisibles sosteniendo sus palabras, como si fueran necesarios.
Nano, mi asesor en comics gringos (los europeos se los dejo a Sergio), me cuenta que la serie Sin City no tiene una trama general sino que son sólo cuentos aislados. Fiel a esa filosofía, la película nos narra tres historias que ocurren en la ciudad: Hardigan salva una niña de ser torturada y violada pero eso no será suficiente; Marv, que a veces se confunde, que a veces no entiende, busca en los bajos fondos las pistas que le permitan descubrir quién mató a su ángel; Dwight, de zapatos rojos, persigue a Rafferty hasta el barrio dominado por las prostitutas. Las prostitutas pueblan densamente Sin City, son las reinas, las guardianas, también son uno de los principales lazos de conexión entre las historias que cuenta la película.
Es una película violenta. Seriamente violenta. Claro, no tan violenta como The Passion (a ésa no le gana nadie, ni Saló) pero lo suficientmente violenta como para que algunas personas deban abstenerse de verla. Visualmente es fantástica, Rodriguez juega con el blanco y negro restringiendo rangos, aumentando contrastes, coloreando detalles, rellenando la atmósfera de amarillos pálidos (No juega, me aclara alguien, calca a Miller). Desde Waking Life no veía nada que me agradara tanto en ese aspecto. El guión de Miller es inteligente, los dialogos y los monólogos son bien administrados y finamente redactados, me gustaron mucho. Como notarán, salí muy satisfecho del teatro y con muchas ganas de echarle una mirada al comic, creo que hasta le perdoné a Rodriguez el esperpento de Spy Kids...
A mi me dan miedo las ciudades de noche pero también me atraen. El centro de Bogotá a la una y media de la mañana saliendo de teatro en el Camarín del Carmen es espeluznante. Una vez caminamos cuadras y cuadras con José desde ahí hasta el colpatria, casi, luego de ver una adaptación de Frankenstein. No había casi nadie en las calles: prostitutas en cada esquina, policias deambulando amenazantes, indigentes intentando dormir, taxistas aglomerados en avenidas principales, un par de borrachos corriendo por la séptima. Las ciudades de noche se transforman, ya lo dije, no son ellas mismas, tienen otros colores. Y no, no hablo de la rumba, pienso más bien en la escaramuza sobre un puente peatonal, en el juego de luces que precede el frenazo, en el click de un revolver contra la ventana, en esas sombras que se contonean violentamente en el parque. "¿Qué tan lejos queda Sin City?", le pregunto al guia turístico. "Sólo a unas horas de distancia", me responde sonriente mirando el reloj. "¿Hacia donde debo ir?", le pregunto interesado. "Esperela en el andén", me responde, "Apenas el sol baje, ella vendrá por usted".

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