Nombre: Inland empire
Categorías: Drama, Terror, Suspenso, Religiosa, Fantasía, Romance, Misterio
Director: David Lynch
País: Estados Unidos
Año: 2006

Otras reseñas para esta película

Diego Guerra * * * *
Jorge Mario Sánchez * * * ½

Inland empire (2006)

El universo lynchiano se compone, ante todo, de pasadizos oscuros, de callejones, de puertas que se abren y se cierran, de cortinas rojas y azules, de lámparas de colores, de enigmas y acertijos. En Inland Empire, su más reciente película, estos elementos característicos saturan la pantalla. De esta forma el espectador va adentrándose, acompañado por los personajes, por pasillos que lo llevan a lugares sin nombre. Pero el recorrido es caótico: saltamos de una escena a otra, de un personaje a otro, en un mundo donde la sucesión cronológica de los hechos se quiebra abruptamente, y es a través de las grietas que visualizamos el subconsciente de los personajes y el nuestro propio.

Ni siquiera los diálogos siguen el modelo convencional de preguntas y respuestas. De hecho, en los momentos más bizarros del filme los personajes no parecen estar conversando, o por lo menos lo hacen en un plano mucho más profundo, donde una frase dicha por alguien pone en movimiento ciertas relaciones inconscientes en su interlocutor, y por lo tanto éste responderá, después de un breve silencio, con otra frase que no tiene nada que ver –en apariencia– con la anterior. Esto se hace evidente al inicio del filme, en ese extrañísimo sitcom de conejos que es visto por una de las protagonistas (tal vez la verdadera protagonista del filme), donde el diálogo es el siguiente:

(Entra Papá Conejo. Ovación del público).

Hija Conejo: Algún día lo descubriré.

Mamá Conejo: ¿Cuándo lo confesarás?

Papá Conejo: ¿Quién podría saberlo?

Hija Conejo: ¿Qué hora es?

(Risas del público).

Papá Conejo: Tengo un secreto.

Hija Conejo: Hoy no hubo llamadas.

(Risas del público).

(Ruido de pasos).

Papá Conejo: Oigo a alguien.

Mamá Conejo: Je, je, je.

Hija Conejo: No creo que falte mucho.

(Papá Conejo sale).

La mujer que mira esta escena en el televisor está llorando. Luego conocemos a Nikki, la actriz, a Sue, el personaje que ella interpreta en una película, a las prostitutas polacas de los años treinta o cuarenta, a las prostitutas del Hollywood de hoy (que son las mismas). Sabemos que hubo o que va a haber un asesinato (no es posible distinguir el antes del después, y esto lo dicen los mismos personajes). El set de  la película que se está filmando esconde otro mundo tras los acabados falsos. Las situaciones y los diálogos se repiten una y otra vez entre distintos interlocutores, como si el tiempo fuese cíclico y no lineal. Cada actor representa a varios personajes, y los mismos personajes cobran vida en el mundo “real”, e intentan poseer a los actores que los representan…

Hay en este filme, además, una reflexión que ya había esbozado Lynch en Mulholland Drive, y que tiene que ver con la forma como nosotros, los espectadores, percibimos a las estrellas de Hollywood y de la televisión. De hecho, me atrevería a decir que el tema central de Inland Empire es ése, que estamos asistiendo a un análisis implacable del mundo de la farándula y de la obsesión de la mayoría de las personas con los ídolos de la pantalla, con su trabajo y con su vida personal. En este sentido, la película podría ser interpretada de esta forma: la protagonista, a la que vemos casi todo el tiempo contemplando la pantalla del televisor, utiliza a Nikki, su actriz preferida, para escapar de la culpa que la atormenta, para que sea ella quien le ayude a destruir el monstruo que se ha alojado en su mente y que amenaza con destruir su vida familiar. La culpa de la protagonista está directamente relacionada con el sexo, y de allí que sea el encuentro sexual entre Nikki (Sue) y Devon (Billy) el que desencadena la tragedia y el absurdo. Pero a pesar de ello Inland Empire tiene un final feliz (algo completamente atípico en la obra lynchiana).

Las de David Lynch son películas de terror. Pensemos en Eraserhead, en Blue Velvet, en Lost Highway, en Mulholland Drive y en Inland Empire. A pesar del humor negro y de la inocencia de ciertas escenas, siempre hay, entre líneas, una sospecha, un peligro impreciso buscando salir a la superficie, algún aspecto de nosotros mismos que somos incapaces de aceptar. El sexo es espeluznante e incierto, como una fisura en la realidad a través de la cual contemplamos el abismo. En los callejones oscuros de las ciudades y de nuestra alma se esconden los demonios. No encontramos a Dios por ninguna parte, y uno de los versos de la canción gospel con que se cierra Inland Empire dice: “¿No sabes que te necesito, Señor?”.

Inland Empire es, quizás, uno de los filmes más extraños de David Lynch desde Eraserhead. Sin embargo, encontramos también aquí la que podría ser su obsesión temática, y que es resumida en aquella historia contada por uno de los personajes del filme, el grotesco fantasma de la actriz/prostituta polaca:

Un niño pequeño salió a jugar. Cuando abrió su puerta vio el mundo. Al pasar por la puerta produjo un reflejo. El mal había nacido. El mal había nacido, y siguió al pequeño.

No es raro que después de ver un filme lynchiano sus imágenes nos persigan durante varios días, incluso en sueños. Sin duda, la genialidad de este realizador radica en lograr una comunicación directa con las capas profundas de nuestra mente.

Página web: http://elpersa.blogspot.com

 

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