Nombre: There will be blood
Categorías: Drama, Comedia, Suspenso, Western, Política, Religiosa, Documental, Basado en hechos reales, Thriller, Basado en una novela
Director: Paul Thomas Anderson
Año: 2008

Otras reseñas para esta película

Oscar Garzón * * * *
Javier Moreno

There will be blood (2008)

A tale of two men

Antes de empezar, quiero contarles cuál debería ser la trama de una película llamada Petróleo Sangriento. Una vez termine con eso –si queda tiempo– regresaré brevemente sobre There Will be Blood.

Petroleo Sangriento cuenta la historia de Paul, un muchacho negro y humilde de las sabanas de Georgia, o de Savannah, Georgia, no es claro, que un buen día decide convertirse en boxeador por razones que no viene al caso discutir acá. Baste decir, para el curioso, que tras una dura infancia bajo la dictadura de su padrastro, Paul escapa de casa y traba amistad con Eli, un blanquito de ciudad que se dirige hacia California para probar suerte como minero. Paul decide acompañarlo. Durante el camino Eli le habla de su hermana Rose, quien vive en Los Ángeles con su marido, un profesor de escuela, y sus tres hijos. Eli le promete a Paul cama y comida mientras encuentra un trabajo en Los Ángeles, pero al llegar a la ciudad descubren que Rose había mentido en casa y realmente vivía en una pocilga administrada por un tal Daniel donde se prostituia por posada. Escandalizado, Eli obliga a Rose a empacar sus cosas y acompañarlo. Rose se rehusa y grita. Llega Daniel, su chulo, acompañado de dos matones. Eli lo enfrenta pero cae al primer golpe, y es entonces cuando Paul, intentando impedir que destrozen a Eli a patadas, se interpone y barre con ambos matones a puño limpio. Daniel, sorprendido de la pericia natural de joven, le propone un trato.

Es así como Paul, tras un año de entrenamiento junto a Daniel y sus matones, se convierte en boxeador ambulante. Su apodo: Bloody Oil. Daniel lo lleva de campamento petrolero en campamento petrolero a medirse por dinero con quien lo desee. El espectáculo es todo un éxito y todos ganan dinero, sobre todo Daniel, quien los trata a todos como si fueran sus hijos. En los intermedios entre cada pelea surge una historia de amor secreta entre Rose y Paul. Eli la descubre, y calladamente muere de los celos pues ama a Paul desde que lo conoció en Atlanta. Esto, por supuesto, aumenta las tensiones entre los distintos personajes.

Los celos de Eli lo conducen pronto al odio. Borracho en un bar concluye, hablando con un desconocido, que debe matarlos a los dos pues si ambos se tienen el uno al otro ninguno de los dos lo tiene a él. Compra un arma en el mismo bar y se dirige al motel donde se hospedan. Abre la puerta de la habitación de su hermana y le dispara a quemarropa a las dos siluetas en la cama. Desafortunadamente, estas resultan ser Daniel y Rose. Rose muere. Daniel salta de la cama al primer disparo, toma su revolver de la mesa de noche y le dispara al pistolero de la puerta. El balazo le atraviesa la cabeza a Eli quien cae fulminado en el acto. Al escuchar los disparos, Paul despierta y corre a la habitación de Rose, donde encuentra a Daniel desnudo y ensangrentado con un revolver en la mano. Se escuchan gritos en el bar bajo las escaleras. Una mujer llama a la policía.

Daniel le dice a Paul que él siempre sospechó de ese hijo de puta. Paul mira a su amigo y luego vuelve a mirar a Daniel. Daniel le dice «Tuve que hacerlo». Paul le responde «No tenías...», pero no termina la frase. Daniel camina hacia Paul apuntándole con el revolver, tiembla. Paul le dice «Qué hacías con...». Daniel dice «Tuve. Que. Hacerlo.» Paul levanta las manos, le dice que se calme. Daniel se acerca hasta posar el cañón del revolver en la frente de Paul. «Eras lo mejor que tenía,» le dice y dispara. Fin.

(Otro día les cuento cómo iría una llamada Pozos de Ambición

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Sobre There Will be Blood diré lo que me dijo Javier en un correo electrónico: Es rotunda. Y el guión no hace sino corroborarlo. P.T. Anderson armó –basado en la novela de Upton Sinclair– una parábola bíblica que haría arrepentirse a Jesús en persona, que lo haría dudar de sí mismo y hasta arrodillarse frente a la imponencia de Daniel Day-Lewis, que parece que se hubiera alimentado de carne de demonio por dos años enteros para encarnar al monstruo adorable que es Plainview.

Arrodillarse y decir: «Soy un falso profeta y Mi Padre es una superstición.»  

Y luego repetirlo llorando, como si fuera un sermón, entre lágrimas y a gritos, antes de aceptar –con justicia– su propia crucifixión.

Imperdibles: Los primeros diez minutos, con Day-Lewis controlando la película y enseñándonos sin decir una sóla palabra quién es ese tal Daniel Plainview.

(Comentario patrocinado por mi blog de estrenos en TCM, que paga por mi comida y la de mi gato.)