3.5 estrellas
Charlie y la fábrica de chocolates (2005)
La pesadilla infantil mas bonita
Alguien alguna vez recreará en una película la asombrosa e increíble vida de Roald Dahl, el escritor inglés de “Charlie y la fábrica de chocolate”. De niño, Dahl vivía junto a la productora de golosinas Cadbury, que en ciertas ocasiones utilizaba a los niños de los barrios cercanos a la planta para que degustaran y analizaran los nuevos productos que la compañía sacaba al mercado. Nadie podía saber que de esa experiencia saldría la trama de uno de los libros infantiles más populares de la historia. Pero antes, Roald Dahl fue piloto en la Segunda Guerra Mundial, donde perdió una pierna cuando se estrelló con su avión en medio del desierto. Y en un giro extraño del destino, el joven piloto se emplearía después de la guerra como escritor de argumentos en Hollywood, tanto en cine como en televisión.
El inexperto guionista obtuvo rápido reconocimiento por sus participaciones en series de misterio y crimen como “Alfred Hitchcock presents” y fue contratado para escribir el guión de la famosa novela de Ian Fleming “Sólo se vive dos veces”, para la saga cinematográfica de James Bond. Sin embargo, aún cuando su éxito estaba en las historias de guerra, conflicto y violencia, Dahl comenzó a escribir relatos para niños como “James y el durazno gigante” o “Matilda”, donde todo lo que había aprendido sobre misterios, giros policíacos y crímenes, hacía parte de las tramas. A pesar de tener personajes y situaciones realmente bizarras, los libros se convirtieron en un éxito entre niños y adultos, que hicieron de Roald Dahl un autor de culto.
Tal vez por lo retorcido de las historias, Tim Burton -uno de los directores de cine más reconocidos por una forma propia de hacer cine, donde el humor negro, la crueldad y el horror hacen parte de su “marca registrada”-, ha conseguido darle a Charlie y la fábrica de chocolates un magnífico tono siniestro, que no se ve forzado sino que encaja perfectamente en la historia de ese fabricante de dulces excéntrico que un día decide cerrar las puertas de su famosísima fábrica para que nadie le robe sus secretos.
Quince años después de esa clausura se anuncia la aparición de cinco billetes dorados en los chocolates, cuyos poseedores podrán entrar a la fábrica y participar por un gran premio, “más allá de lo que puedan imaginar”. Cuatro de los cinco niños ganadores son pequeños representantes de lo peor de la infancia: el glotón que no para de comer, la “hija de papi” que obtiene todo lo que quiere con un berrinche, la campeona deportiva que acumula trofeos, y el gomoso de la tecnología y los videojuegos que ya nunca sonríe ni juega al aire libre. Charlie en cambio, es un pequeño muy pobre que vive en una casa diminuta, donde sobra el amor pero escasea el espacio.
Como en todas las películas de Tim Burton, lo visual raya con la perfección. La apariencia y el rostro de los niños y sus familiares dice mucho más que sus propios diálogos, gracias al magnífico cásting realizado por Susie Figgis, la mujer que escogió a los protagonistas de las películas de Harry Potter. Del mismo modo, los escenarios de la casa de Charlie, la fábrica de Willy Wonka y la ciudad, parecen dibujados en la pantalla, de tal forma que aumentan la sensación de irrealidad de la trama. Y complementando las imágenes está la fabulosa música de Danny Elfman, el compositor del tema de Los Simpson que ha acompañado a Tim Burton desde su primera película, y que en esta ocasión crea una banda sonora juguetona y sorprendente, que incluso mezcla canciones populares como “La Macarena” para los curiosos y extravagantes números musicales, protagonizados por cientos de personajes (los Oompa Loompa) que en realidad son un solo actor replicado por computador. Números musicales repartidos a lo largo de la película, cuyas letras incluso en la versión en español, funcionan como pequeñas lecciones morales sobre lo que “no deberían” ser los niños.
Capítulo aparte merece Johnny Depp, el actor fetiche de Burton y sin duda uno de los mejores intérpretes de su generación, en su caracterización de Willy Wonka. Sacando de su repertorio recursos que parecen inagotables, Depp nos sorprende con un personaje frío y disparatado, que oculta algo maligno pero que al mismo tiempo produce simpatía por su curiosa forma de ver la vida y de detestar a los niños.
Uno podría decir que situaciones como las de una muchachita que se infla cual mora gigante, la de un chiquillo gordo que se ahoga en chocolate o la de decenas de ardillas arrojando a una niña por un agujero no son nada tiernas, pero el antiguo dibujante de Disney, el hombre que creo a un muchacho con manos de tijera, Tim Burton, las convierte gracias a su talento en secuencia llenas de gracia, que al igual que Willy Wonka, parecen tener una maldad que no atemoriza.
Al final Burton alcanza varias metas con esta película: hacer un relato fantástico que deja enseñanzas positivas en los niños que la ven, continuar con un estilo propio que lo consolida como verdadero “autor” fílmico, pero sobre todo, poblar los sueños y las pesadillas de sus espectadores, con algunas imágenes que difícilmente podrán olvidar.
Publicado en 2005 en la página web www.vivalacultura.com
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