Nombre: La aldea
Categorías: Drama, Suspenso, Fantasía, Misterio
Director: M. Night Shyamalan
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Samuel Castro ½

La aldea (2004)

Del sexto sentido al sinsentido

Cualquier chef lo puede decir: los mismos ingredientes en distintas cantidades y preparados con ciertas diferencias, pueden dar como resultado recetas que no se parecen entre sí más que en el color. Eso es precisamente lo que tenemos en la filmografía de M. Night Shyamalan desde 1999, cuando sorprendió al público del mundo con la aclamada Sexto sentido; los mismos ingredientes servidos en distintas recetas, a saber: drama familiar que no está muy claro al principio de la trama pero que se va resolviendo durante la película a través del uso del flash back, historia “fantástica” que se desarrolla en un contexto aparentemente “real” o al menos creíble, uso perfeccionista de todos los recursos del suspenso conocidos (seres que se reflejan en los objetos, figuras que aparecen justo cuando el principal personaje del plano se mueve, escenas que transcurren en sótanos o áticos, temas religiosos como parte del argumento) copiando fórmulas de otros directores, como Alfred Hitchcock, a quien imita incluso en su manía de aparecer en alguna escena (técnica conocida como “cameo”) en el momento menos esperado.

El principal problema es que en los últimos cinco años, los platos que sirve el director de origen indio son cada vez menos digeribles. Unbreakable (2000) desarrollaba una historia muy atractiva sobre un hombre común que se convertía en superhéroe, pero que no cuajaba por su forma confusa de contarla; Signs (2002) combinaba de manera desafortunada la desgracia de un sacerdote que había perdido su fe y a su esposa, con una invasión alienígena a escala mundial, y en The Village, una comunidad norteamericana del siglo XIX, vive en un paraje rodeado por un bosque poblado de monstruos, con los que tienen una especie de pacto de convivencia. ¿Qué tal?

Pareciera que mientras más personajes secundarios les añade Shyamalan a sus guiones, menos control es capaz de mostrar en el ritmo de la película. En La aldea el defecto ha aumentado hasta límites insoportables: hay un joven con retraso mental; otro que es valiente pero tartamudo; la madre de éste, hermosa y melancólica; el padre de la protagonista, que es el líder de la comunidad y está secretamente enamorado de la mamá del tartamudo; su hija mayor, que quiere casarse cuanto antes, y otros miembros del consejo que rige los destinos de la aldea; todos representados por actores sumamente competentes (Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver, Joaquin Phoenix, entre otros) que luchan y luchan por hacer que unos diálogos excesivamente solemnes, como de obra de teatro escolar, suenen convincentes.

Después de treinta minutos, los espectadores se miran entre ellos y cuchichean. Cuando ha pasado una hora se escuchan los primeros chistes en la sala. Una hora y media después, cuando la trampa del guión (una trampa que no le llega a los talones a ese secreto fantástico que uno averigua al final de Sexto sentido) se descubre, las carcajadas no se hacen esperar, cosa que probablemente sea lo peor que le puede pasar a una cinta de suspenso. No importa qué tan fantástica o absurda pueda ser una idea (un niño que ve gente muerta no es propiamente algo que ocurra todos los días) una película funcionará si el público cree en la historia y se involucra con lo que pasa. En La aldea hay tantas pequeñas tramas y los personajes son tan poco definidos, que quien la ve, no llega a querer a ninguno, por lo tanto tampoco teme porque algo le pase. Sólo Ivy, la jovencita ciega que interpreta convincentemente Bryce Dallas Howard, despierta en quien la ve algo parecido a la compasión, pero muy tarde, cuando esa historia de pactos, puertas secretas y hombres que huyen de la violencia que destruyó sus vidas ya no conmueve.

Shyamalan, como los malos cocineros, esta vez deja que los ingredientes se malgasten y se pierdan: como el ya citado reparto de estrellas, la estupenda música que James Newton Howard (colaborador en los trabajos anteriores de Shyamalan, y músico a cargo en las bandas sonoras de El abogado del diablo, Colateral y El fugitivo) compuso para la cinta o la fotografía fría y opaca de uno de los mejores profesionales en su campo que tiene Hollywood, Roger Deakins, el mismo fotógrafo de las películas de los Hermanos Cohen y otras cintas más conocidas entre nosotros como Una mente brillante, Huracán o Sueños de fuga. Ni siquiera ellos con todo su talento, logran salvar de la debacle este pésimo guión. Por eso La aldea es una película formalmente muy bien hecha, que posee secuencias asombrosas, -muestra de que el director como director, sabe lo que hace- pero que podría perfectamente no existir, pues no aporta nada nuevo al género, ni a la fantasía, ni al cine. Si acaso, a la próxima secuela de Scary Movie.

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