| Nombre: | Sin lugar para los débiles |
| Categorías: | Drama, Acción, Policiaca, Western, Thriller, Basado en una novela |
| Director: | Ethan y Joel Coen |
| Año: | 2007 |
Otras reseñas para esta película
Sin lugar para los débiles (2007)
El imparable deambular de la muerte (y todo lo que implica)
Introducción y advertencia (y disculpas de antemano)
Pensé en leer a Cormac McCarthy tras ver No Country for Old Men. Le pedí prestada la trilogía de la frontera a Roberto pero no he empezado a leerla –no he tenido tiempo– y me temo que si no escribo algo al respecto ahora no voy a ser capaz de hacerlo más tarde, al terminar ese mamotreto.
Debo admitir, de todas maneras, que ya no recuerdo mucho sobre No Country for Old Men, y además la confundo con There will be Blood porque son las dos últimas películas que vi y porque ambas van sobre desiertos y sucesiones. Me perdonarán entonces las imprecisiones y desvaríos. También perdonarán si hablo de petroleo de cuando en cuando. O lo obviarán, al menos. Reemplácenlo con sangre. Lo importante es que sigamos siendo amigos.
Devil's Haircut (in my mind)
Uno podría empezar hablando del peinado de Bardem pero eso sería muy trillado. Todo el mundo habla del peinado de Bardem. Probablemente la mitad del mérito de su actuación consiste en llevar ese peinado con dignidad, convenciéndonos de que no es para risas y haciéndonos, de hecho, temer por nuestras vidas cuando sutilmente vuelve la cara hacia la cámara y por un segundo largo nos mira. Y bastan dos pinches escenas con él para lograr esto, para entregarnos al personaje. Basta mirarlo arrastrarse en el piso con los ojos inyectados en sangre y el cuello a punto de estallar mientras asfixia con un cable y las piernas al pobre policía para convencernos de que estamos ante un monstruo. De ahí en adelante ya nos tiene en sus garras.
Universos Paralelos (e isomorfismos locales)
Ahora que lo pienso, esta película guarda un preocupante parecido -que me impide desligarlas- con Los tres entierros de Melquiades Estrada. Uno podría incluso decir que Tommy Lee Jones hace exactamente al mismo personaje. Es una exageración, claro, pero si uno suma el ambiente desértico, la historia truculenta y las mataceras puede confundirse por momentos y no saber a qué película pertenece cada escena. Localmente, esas dos películas son isomorfas.
Desiertos y sucesiones (y generaciones)
El discurso en el background (y en el título) de No country for old men es que el tiempo pasa, la gente muere, el mundo cambia y, por más que lo intentemos, es imposible lidiar con esos cambios. Le pasa a las canciones, le pasa a las personas: Todos pasamos de moda al cabo de un rato. Es inevitable.
(Nota al margen: Hace poco escuché a Martin Amis decir que la juventud es la época cuando nos miramos al espejo y sentimos que todo cambia menos nosotros. Por ese lado va la cosa.)
Por otro lado, es probable que ese tema siempre ande por ahí en todas las películas –pero sobre todo en los westerns– de una manera u otra.
Y si se trata de ponernos dudosos, lo cierto es que esas simbologías son lo de menos. Lo que importa –como diría Vladimir– es la historia.
No country for old (wo)men
Ese podría ser el título de un documental que vi hace unos años sobre un ancianato en California lleno de viejitas con pasados, digamos, alternativos. Militantes de grupos extremistas, jipis, musas primigenias de los gurús del LSD, etcétera. Al final del documental una de las viejas –las protagonistas son dos– se muere y esa es probablemente la muerte más realista que he visto jamás en cine. Realista por la ausencia de tensión. Realista porque nos se conduele de nosotros ni de ella, simplemente un día está y al otro no y más nos vale que nos acostumbremos porque aquí no hay marcha atrás –este es un documental–.
Para la muerte de esa vieja no nos preparan. Es más: Por momentos sentimos que esas viejas idealistas vivirán por siempre.
(Nota al margen: Le dije a mi abuela, el día de su cumpleaños, que espero que viva ochenta y ocho años más. Me respondió que me agradece mis deseos pero espera que no se cumplan. Luego de un tiempo se vuelve pesado esto, me explica.)
La muerte (y la brújula)
La muerte perdida en el desierto de Texas. Siempre está perdida la muerte en Texas, pero eso no le impide continuar. La muerte no se cansa ni renuncia. Todo lo demás podrá irse pero no la muerte, no. Ella arrastra sus pies y su tanque de gas comprimido sobre esa nube de calma que la rodea. La muerte no es metódica pero es precisa. Nos sirve a todos pero nadie la controla. La muerte se asegura de que siempre haya espacio y tiempo para cada uno.
Yo creo que siempre, al final, la muerte nos ofrece a todos la posibilidad de continuar viviendo o no. No se nota, pero aquí en este mundo todos somos suicidas a la larga.
La muerte nos mira, con esos ojos de cordero degollado que tiene, y nos dice «Call it».
Universos Paralelos 2 (e imágenes especulares)
Propongo el ejercicio –meramente lúdico, por supuesto– de empatar Fargo y No country for old men. Busquemos correspondencias alargando un poco aquí y achatando un tanto allá. Remplazando la nieve por la arena, por ejemplo. La misma desolación en ambos paisajes. Reemplazando a la policía por Bardem. O por Bardem + T. Lee Jones, tal vez. ¿No son en últimas viajes complementarios los de esos dos (o los de esos tres)? Y al fondo de los viajes está la ambición, siempre, o las consecuencias de la ambición. La sangre salpicando en la nieve o en la sala de una casa. La justicia más ciega que nunca. Las mismas soledades interrumpidas por bruscos encuentros.
La misma agridulce (y sangrienta) desazón Coen por todos lados.
(Comentario –como ya es tradición– con el patrocinio de mi blog de estrenos en TCM)
