Nombre: Shortbus
Categorías: Drama, Comedia, Erótico, Basado en hechos reales, Comedia romántica, Romance, Comedia dramática
Director: John Cameron Mitchell
País: Estados Unidos
Año: 2006

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Alejandro Gómez Dugand * * * *
Javier Moreno * * * *

Shortbus (2006)

Como los sesentas pero con menos esperanzas

Nota 1: No me acuerdo de su nombre pero me acuerdo que le gustaba tirar con tipos gordos porque le encantaba la idea de estar dominando a alguien más grande que él.

Si no la logra ver en cine, si lo único que le queda es alquilarla o bajarla en Limewire o en Ares lo primero que tiene que hacer, antes de ver Shortbus, es esconder el control y prometerse a usted mismo que pase lo que pase, vea lo que vea en la pantalla, no va a hacer fast-forward, que no va a cerrar los ojos. ¡No sea cobarde!

Nota 2: A Teresa le gusta que su novio le de besos después de que él le hace sexo oral.

Hace un par de años vi Hedwig And The Angry Inch y me prometí que vería todo lo que John Cameron Mitchell hiciera. En esa película Mitchell era una travesti despampanante que redefinía lo kitsch, lo camp, lo punk y lo humano; la segunda vez que vi a Mitchell fue en una orgia, con la cara de un tipo joven entre sus manos. Esa orgia es una de las secuencias más hermosas de una película en la que Mitchell redefine el sexo, el porno, los estándares de censura de la industria y, en últimas, los estándares de censura de los que vean Shortbus.

Nota 3: En la página www.collegesexadvice.com hay un artículo en el que se hace una exposición de las mejores estrategias para hacerse sexo oral a uno mismo.

Ahora, la pregunta obligada: ¿Porqué hablar de sexo al referirse a Shortbus? Y ahora, la respuesta tonta: porque en ella, antes de que haya acabado la primera mitad, la cuenta de penes erectos se ha perdido. Porque hay un tipo al que le excita que otro hombre cante el himno de Estados Unidos mientras presiona su ano con los labios. Porque hay una dominatriz que no logra controlar a su dominado. Porque hay una terapeuta sexual que  nunca ha tenido un orgasmo (único cliché imperdonable de la película). Porque si y ya. Porque Shortbus es como los sesentas, pero sin la esperaza.

Nota 4: En Singapur, a pesar de ser uno de los países con mayor turismo sexual, se está aprobando un proyecto de ley para legalizar el sexo anal y oral entre parejas heterosexuales, siempre y cuando este acto sea consentido y en privado. Shortbus fue prohibida en este país.

Pero el sexo no es lo importante, sino las palabras, como recorren los espacios y los cuerpos. Lo importante es la comunicación, o la falta de ella. Lo importante es que el sexo es un McGuffin. Porque la clave es la frustración. Es esa energía que llena a esa Nueva York de cartón que tanto recuerda a Michel Gondry. Esa energía que, toma a toma, escena a escena, orgasmo a orgasmo, va llegando a su limite. Haciendo que las luces parpadeen y pierdan su luz, hasta llegar al apagón (ese apagón que siempre paniquea a los newyorkinos, que los hace salir a comprar pilas y enlatados y sacar una guitarra y cantar) y ese mundo que uno pensaba sucio y destrozado entra en silencio. Ese mundo hecho pedazos se ve, de pronto, más claro que nunca.

Nota 5: Luego de ver Shortbus me quedé callado un momento mientras me sentía terriblemente anciano. Después de media hora, la vi por segunda vez.

Shortbus le llega a uno por pedazos. Unos dedos buscan entrelazarse con otros, unas palabras buscan encontrar a unos oídos pero una mano termina abrazando el sexo de alguien. Lo verdaderamente estremecedor es esa inercia de lo que no pasa, de esos espacios entre tirada y tirada. La pregunta que nos hace Shortbus es clara: when you take a picture of yourself at ground zero, do you smile?

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