Nombre: La piscina
Categorías: Suspenso, Erótico, Basado en una novela, Crimen
Director: François Ozon
País: Francia
Año: 2003

Otras reseñas para esta película

Alejandro Martin Maldonado * * ½

La piscina (2003)

Los intelectuales y las críticas

María del Rosario poco a poco va haciendo de las suyas con sus reseñas, logrando cada vez, sacarme un poco más de quicio. Yo siempre quiero responder, pero nunca sé muy bien como hacerlo. Ella desató mi desazón con la reseña de La piscina  a la que yo respondí en la mía de Kill Bill 2. Su reseña era desconcertante: según ella las actuaciones eran buenas, la dirección también, incluso le pareció que el final era bueno, pero la película no lo era. Y allí comenzaba a darnos las razones: por un lado porque desde la primera media hora ya estaba aburrida, por otro porque tenía escenas de sexo innecesarias, y por último porque era para intelectuales que tienen que saber más que el director para entender la película. Yo pensé que esto último era la razón más importante, que desde el principio todo el mundo hablaba supercomplicado y lleno de citas, o que había guiños intelectualoides desde el comienzo, y que a raíz de esto es que le había parecido tan aburrida.

Así que, prevenido, fui a verla. Cuál no sería mi desazón cuando había pasado una hora de la película y todavía prácticamente nadie había hablado. Además con la sorpresa de que los primeros quince minutos son geniales y la protagonista (fuera de ser una belleza imponente) queda delineada con sólo un par de gestos. La llegada a la casa con la piscina, toda la descripción del ambiente con los movimientos de cámara y la música, son deliciosos, además la irrupción de la joven (de otra belleza, pero igualmente poderosa) da un giro muy agradable a la película. Yo me preguntaba, ¿cuándo fue que comenzó a odiarla? Y eso en alguna manera determinó que yo viera la película de una manera muy particular, intentando descifrar lo que había pasado por la cabeza de Maria.

Ella dice en su reseña que los diálogos no caen en la estupidez. En eso no estoy de acuerdo, los pocos diálogos son malos: o sino díganme que hacemos con la perorata de Julie sobre el océano. Lo bueno es que casi no hablan. En un momento me sentí tranquilo: el mesero dice que es de la zona del Marqués de Sade. ¡Aleluya! una referencia intelectual! Tiene razón María, ¿qué necesidad había? Ninguna. Pero bueno, como con los diálogos, con esto no pasa nada, ella se da su paseo por las ruinas del castillo del marqués, y ya.

¿Qué sucede después? Que la película da un giro absurdo y todo lo que comienza a pasar es innecesario. Y bueno, el final, que a mí me pareció un irrespeto. Todas las reseñas que he leído de alguna manera sólo luchan por no contar el final. Uno no debe contar el final en una reseña , es más uno no debe contar la película. ¿Cómo hace entonces uno para escribir sobre ella?

Yo aquí voy a contar la película, sólo par poder reflexionar sobre el final.

La película se trata de una escritora frustrada cuyo editor le presta un chalet en el campo en francia para que puede escribir en paz. Allí llega la hija del editor, Julie. La hija tiene una vida tremendamente alegre y cada noche llega un amante diferente. La escritora es perturbada por la irrupción y deja lo que está escribiendo para dedicarse a hurgar en la vida de la muchacha (que tiene un pasado y presente muy opacos). Pasan muchas cosas entre ellas y luegol cada una se va por su lado. Al final va ella dónde su editor para mostrarle que ya ha publicado en otro sitio una novela que se llama La piscina (como la película). Así habría acabado muy bien. Sin embargo continúa, al salir de la oficina la escritora se encuentra con una niña que dice llamarse Julie y viene a buscar a su papá, y, por su puesto, no es la misma que estaba en Francia. Esto ya molestó. De colofón hay, para terminar, una secuenca "simbólica" donde se confunden las imágenes de las dos niñas que saludan (despiden) a la protagonista desde la terraza sobre la piscina.

Aparece entonces aquí el gesto que identifica a mucha de la producción que se considera "intelectual" no sé bien desde cuando. Se pone en tela de juicio qué sucedió o no, qué es realidad y qué ficción. Ya no sabemos si lo que vimos fue lo que sucedió en el campo en francia o lo que la escritora escribió acerca de lo que sucedió. Es más, yo creo que se nos afirma con bastante claridad que lo que vimos es lo que sucede en la novela. Deberíamos preguntarnos: ¿entonces qué sucedió? - ¿Deberíamos preguntárnoslo? - Yo creo que no, porque no parece llevarnos a ninguna parte, no resulta un ejercicio interesante (aunque ya he sabido de varios que se han entretenido con ello, incluso de quienes afirman saber exáctamente lo que sucedió).

Lo que a mí me molesta es que tuvieran que decírnoslo, que hubiese que hacer evidente la ambigüedad del relato. No confiaban en que el público fuese lo suficientemente inteligente para notarlo a partir de las sugerencias. Mis amigos me dicen que en estos asuntos de crítica cinematográfica (o más sencillamente, de recomendar una película) no soy de fiar; me gustan casi todas (soy alguien que eminentemente disfruta del cine). Hay muchas cosas que me aburren en el cine, pero lo único que en realidad me molesta es que lo traten a uno como si no fuera suficientemente inteligente, como si hubiese que explicarle todo.

Es algo extraño eso de que llegara a considerarse un acto de "inteligencia" el que una película resulte al final auto-referente. No me molesta para nada que una película me deje pensando, es más, hay muchas veces que eso me emociona. Pero en algún momento se convirtió en moda eso de que al final uno no sabe si la película que uno vio es lo que le quieren contar que sucedió, o si es un sueño, o una novela de alguno de los protagonistas. Abre los ojos de Amenabar es quizás donde esta manía llega a límites realmente enervantes. Adaptation coquetea con lo molesto, y creo que lo que incomoda es que uno siente que ellos creen que el juego auto-referencial hace más inteligente la película. Allí, como lo dije en otra parte, me pareció que el humor salvaba la cuestión. En La piscina el humor es muy desigual.

He estado pensando qué tipo de películas son las que lo fuerzan a uno a reconstruirlas al final. Me di cuenta que esto es lo particular del género policíaco. Es más, casi que por eso, resulta un género que siempre tiene un gesto auto-referencial. Uno, por lo general, debe ser sorprendido al final por una solución que no se había sospechado. Esa solución lo obliga a uno a revisar toda la película y a reconstruirla bajo esa premisa. Pero si uno es incluso un poco más crítico va a revisar la película buscando también los gestos que se dieron para que uno fuese engañado: las trampas. Entonces ya no se mira atrás para ver lo-que-sucedió sino lo-que-me-contaron. Entonces se reconoce la película como un relato, como una ficción. Quizás el ejemplo más notable de los últimos tiempos es: Los sospechosos habituales. Allí con un ligero gesto se nos obliga a reconsiderar toda la película. Y uno sale feliz a ver como la arma de nuevo (incluso tentado a volverla a ver ahora toda diferente). Gosford Park otro policíaco muy original lo logra también muy finamente.

Yo me quedé con otro enigma. El enigma de la reseña Maria. ¿Cuando se molestó? ¿Qué fue lo que la sacó de quicio? ¿Simplemente se aburrió? El problema de la crítica. Uno sale de una película con una determinada sensación y luego debe tratar de escribir algo. ¿En qué consiste pasar una película a palabras? ¿A quién le escribe uno? ¿Qué busca al escribir? Alguien podría decir que lo que se expone es un argumento que sostiene una opinión. ¿En qué consiste argumentar? Puede pensarse que una reseña consiste en sustentar el juicio que se hace acerca de la película, se dice si es buena o mala y luego se explica porqué. Entones se da un argumento. El problema es que no están claro qué es lo que hace una película sea buena o mala. Como María lo señala en su reseña de Troya uno puede disfrutar mucho más una mala que una buena. A María le encantó Troya porque se emocionó, y por eso le puso tres estrellas, convencida, según ella, de que era una mala película. Y parece orgullosa de hacerlo, dice que podría dar verguenza afirmar algo así, pero que a ella no le da.

Quizás una reseña sea entonces un acto de desverguenza, de librarse de los argumentos, de lo que uno parece estar obligado a decir, para decir sencillamente lo que siente, lo que le parece. En el caso de las reseñas de María parece haber siempre una especie de argumentos paradójicos: - aunque debía concluir una cosa concluyo otra - ¿porqué? - Porque me parece, porque me emocioné, porque me aburrí -. A mi me interesa entonces qué fue en realidad aquello que produjo esa sensación. Y quizás eso es lo que extraño de sus reseñas, le dedica más espacio a lo que finalmente no tuvo efecto que a lo que sí.

María es la filósofa más aguda que conozco, pocos como ella para desmenuzar los textos, para hacerlos hablar. En su labor de filósofa es de un cuidadoso extremo, no sólo lee tremendamente despacio, sino que se apoya en todo lo que hace falta. Busca literatura secundaria, lee lo que el filósofo había escrito antes y después. En alguna medida busca saber tanto o más que el autor mismo para comprenderlas. Sin embargo, parece odiar que haga falta lo mismo con respecto a una película.

No veo porqué deba haber una raya tan gruesa que separe la filosofía del cine. Incluso sospecho que María en un tiempo no lo vio todo así (tengo prestado su libro de Wim Wenders muy subrayado en las primeras páginas). Y sé de un tiempo en el que disfrutaba plenamente del cine alemán (que no es famoso por su ligereza). Pero ahora parece tener claramente separado aquello para-lo-que es una película y un texto de filosofía.

Si bien yo espero algún día, por parte de María, una lectura filosófica de una película análoga a la que hace de los textos, lo interesante aquí es como en las reseñas puede hacerse algo muy diferente. No hay que presentar un argumento. Incluso no es indispensable hacer un juicio, así nos sintamos obligados por las estrellas que los lectores exigen (y que al obligarnos a ponerlas es, en alguna medida, una venganza de Ricardo, ya que en otro lugar a él también lo obligan). Depronto lo más interesante es reconstruir una experiencia. Intentar transmitir un placer, una sensación. Por eso yo soy incapaz de hacer reseñas y escribo un diario. No soy capaz de distinguir aquello que propiamente hace buena la película en sí, sino que intento dar pistas para entender la manera como yo la ví.

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