Nombre: Expiación
Categorías: Drama, Romance, Basado en una novela, De época
Director: Joe Wright
País: Reino Unido
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Alejandro Martin Maldonado

Expiación (2007)

El deseo y la culpa

La memoria

Margarita lo recuerda todo. De las imágenes de cuando era chiquita que me contaba la que más se me quedó marcada fue la de ella viéndose a sí misma a los tres años escogiendo cada mañana la ropa que se iba a poner. Yo no tengo ningún recuerdo así. Por eso cuando leí Expiación (que me regaló mi amigo Lelio) pensé inmediatamente que era un libro para Margarita. Por eso se lo recomendé. Y ella lo leyó.

El deseo

Esta película ya vale la pena por un momento. Visto dos veces: con los ojos de la niña a través del vidrio; con los ojos del joven enamorado: Keira Kneithley que sale empapada del agua, prácticamente desnuda y con su coño húmedo como una presencia imposbile de omitir. Sin música. Toda la tensión y todo el deseo. Como si fueran reales.

El amor

La pareja hace el amor en el estudio. Y creen que están enamorados. ¿Existe el amor? ¿Es algo más allá del deseo? ¿Está el amor en la piel o en otra parte? ¿No es eso, el amor, ese momento? ¿Y todo el resto? ¿Los años de dolor, de dicha, de distancia, de fidelidad, de pesadillas, de fe y de sueños?

La sutileza

La película quiere dejar todo muy claro. Demasiado claro. Y en eso se equivoca. Sobre todo con la música que intenta resaltar lo que ya vemos. Y con imágenes que subrayan lo que ya sabemos o aquellas de una virtuosidad vacías. No confía en nosotros. No confía en su propia capacida de atrapar lo ínfimo.

La adaptación 

Sin embargo, a pesar de todo, funciona. La adaptación de la novela es muy inteligente. Sobretodo en el modo como resume los momentos que en la novela se extienden: tanto la retirada inglesa de Francia (que al leerla se me hizo insoportablemente larga y que de todos modos en la pantalla no logra tener el nivel de la primera parte), como el final en el que nos enteramos de que todo es novela (cuando aprendemos que se escribe para hacer las paces con uno mismo).

A la salida del cine

Imaginen que la película no tiene banda sonora. Que las luces no brillan tanto en la primera parte. Que todo es como en la secuencia de la fuente, o en la del trampolín. Que el director deja de querer inducir sensaciones y se concentra en captar las chispas. Vean esta película en su mente al salir y verán una hermosa película. Porque, de todos modos, como el libro, esta es una película que debe verse a la salida.

 

(Escrito escuchando Romeo and Juliet, de Dire Straits, en la maravillosa versión de de su disco en vivo: Alchemy). 

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