Nombre: 24 horas de fiesta
Categorías: Documental, Basado en hechos reales, Musical
Director: Frank Cottrell Boyce, Steve Coogan, Frank Cottrell Boyce, Liz Gallacher
Reparto:
Guión:
País: Reino Unido
Año: 2002

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * *
Alejandro Martin Maldonado * * *

24 horas de fiesta (2002)

Manchester y Cali

Llegué dispuesto a que me gustara y me encantó. No era dificil, me encantan los setentas, me gustan las películas del director y me gusta todo lo que he visto del director de fotografía (Robby Müller). En especial este último, pareciera leer los guiones y sólo trabajar cuando son buenos. Luego cuando los directores se vuelven más prentensiosos, el los deja (¿o ellos lo dejan a él?) El caso es que ha participado en algunas de las películas mejor fotografiadas que he visto (Alicia en las ciudades, Down by Law, Breaking the waves). Aquí de nuevo hace lucir una de sus más peculiares cualidades: no se quiere lucir. No busca la imagen perfecta sino la más potente, la que mejor se acomode a lo que quieren contar. Aquí es sucia, descuidada, como de un documental donde no importa el plano sino llegar hasta adentro, acercarse lo más posible.

La película es un pseudo auto-documental, en la cuál el productor de unos de los grupos claves de la segunda mitad de los setentas en Manchester nos cuenta su apogeo y su caída. Desde el comienzo pone a Icaro como ícono y nos presenta todo como algo ridículo, pero un ridículo adorable, su propia vida, en el fondo, la de todos nosotros. Muy probablemente al público que no le guste el rock, la película no lo toque en lo más mínimo. Creo que no debería ser así, a mí me pareció que podía ser una metáfora mucho más amplia, pero parece que es indispensable llevar algo de ese ritmo en las venas. Y sobre todo: eso del ridículo, de ese algo ridículo que se puede tomar tan en serio. Puedo verme a los quince años intentando componer una canción de rock con mi guitarra, usando los mismos tres acordes (re, la, mi) pero tomándomelo todo tan en serio. Ni siquiera la mirada con sorna de mi amigo Alejandro Lerma pudo convencerme de lo torpe que era. De todas maneras logró meterme la duda en la cabeza. Era ridículo, pero no quería darme cuenta, me lo estaba tomando todo muy en serio.

Los fantáticos de Joy Division pueden estar de fiesta. Parece que la reconstrucción es absolutamente meticulosa. El cantante no sólo representa todos sus tics sino que se parece incluso físicamente. Los fanáticos de New Order y de Happy Mondays también se darán gusto. Y bueno, aquellos que como yo que aman los Smiths, se lamentarán que nuestro querido-odiado protagonista no les hubiera parado bolas.

Otra cosa que me encantó fue el protagonismo de la ciudad. En realidad, así el productor aparezca en casi cada toma de la película, la protagonista es Manchester. Sus barrios, su energía, el vaivén de las drogas, la fiesta, el éxtasis y la rutina, el apogeo y la decadencia. Me encantó reconocer algo de lo que comparte con Cali. Al igual que a Cali, hoy no escuchamos por ella sino por los equipos de fúbol. Pero, como Cali, tuvo su momento de gloria, y, curiosamente al mismo tiempo: a mediados de los setenta.

En Manchester se toma algo de la energía de los Sex Pistols y se lucha por no caer en el conformismo, en la vida que obliga el sistema. Hay una cantidad de vitalidad y energía que se quiere convertir en música (en Cali sobre todo se quiere vertir en cine). El vocalista de Joy Division lo dice al referirse de David Bowie: - Es un farsante, dijo que se suicidaría antes de los 25, y mirenlo! -. Andres Caicedo si se tomaría en serio ese compromiso. Sin duda se daba cuenta que todo aquello en lo que estaba sumergido era ridículo, no hay más que leer Que viva la música para notar la lucidez con la que podía verlo, pero no podía dejar de tomarse todo demasiado en serio (si alguien duda de su lucidez, y de su seriedad, no tiene sino que salir y comprar el libro con sus crónicas de cine).

El protagonista de la película, y el director que parece identificarse plenamente con él, no puede dejar de reírse de todo ello, pero no sin algo de pesar de que todo eso haya pasado ya, de que hoy seamos tan sosos. Pero bueno, siempre podremos ponernos nostálgicos, poner los discos, saltar como locos, escribir un par de cosas, incluso planear una película para reirnos y llorar un poco por nosotros.

 

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