| Nombre: | Soy leyenda |
| Categorías: | Drama, Acción, Ciencia Ficción, Terror, Política, Religiosa, Fantasía, Guerra, Basado en una novela |
| Director: | Francis Lawrence |
| País: | Estados Unidos |
| Año: | 2007 |
Soy leyenda (2007)
La insoportable soledad del ser
Corran
Bogotá soleada al medio día. Es domingo y yo estoy sentado frente al Pomona en la justa mitad de la calle cientoveintisiete sentido oriente-occidente. Silencio placentero y la calle vacía. Pájaros en los árboles junto al caño. Pájaros sobrevolando la ciudad dormida, escondida, recluida.
No soy el único, hay otros como yo, otros "empadronadores", así nos llaman. Me hubiera gustado más "censores", porque suena a censura y ustedes conocen (¿la conocen?) mi debilidad por la censura. Pero bueno, empadronadores no está mal. Igual nos otorga (¿lo hace? ¿realmente lo hace?) una especie de poder sobre el resto.
Nos encontramos a las ocho frente a la iglesia. Nos asignaron dos cuadras de casas, parecía poco, pero había un edificio de siete pisos en toda la mitad.
Siete pisos, cuatro apartamentos por piso, ¿y si nos pasa algo? ¿Y si no son amigables? ¿Y si nos agreden?
No sé, dijo la coordinadora. Supongo que si es necesario, corran. Sí, exacto -revisando su manual-: Si los agreden, corran.
Brote
Ustedes saben cómo son estas cosas. Ustedes lo han visto ocurrir; conocen las señales, las huelen, saben cómo reaccionar, o al menos quieren creer que lo saben.
Es un brote súbito y veloz. La población contagiada aumenta exponencialmente. Al principio se supone que todos están en sus casas, esperándonos para el censo de rutina, pero en algun momento la cosa se va a la mierda y ya para eso de las tres de la tarde es claro que los únicos con chance de sobrevivir son los empadronadores. A los otros es mejor olvidarlos, descontar su existencia, pensar que esos son sus cuerpos pero ya sus almas no están, o algo así.
Y ya dije que ustedes saben cómo reaccionar. Yo también creía saberlo. Yo creía que era cuestión de encontrar un lugar dónde esconderse, provisiones, y un buen bate de beisbol. Bueno, primero correr y luego el resto. Primero correr huyendo como locos de ese edificio repleto de monstruos. La transformación ocurre justo frente a nosotros: Tres universitarias calentonas y en piyama hacen morphing buffy-style justo frente a nosotros. Ojos inyectados en sangre, dientes afilados, frente protuberante, tez palida. Están prendiendo incienso y trayendo galletas cuando la cosa se dispara. No sé cómo logramos escapar, pero lo hacemos. Yo le clavo el lápiz número dos en el ojo a una, que chilla revolcándose en el piso. Corremos hacia las escaleras y la luz del sol no les permite seguirnos. Desde la puerta del edificio, ya a salvo, las escuchamos aullar.
Tiempo

Pero eso fue hace diez años, querido diario. Hace casi diez años ya. Hace diez años que vivimos en silencio, encerrados en las casas. La soledad de la cientoveintisiete perdió su encanto. Ya no hay placidez en ese silencio, sólo la promesa de una noche más de gritos y miedo, escondidos en un baño con un perro y un fusil AK-47 que Dios sabe de dónde diablos salió.
Adenda: Hoy hace dos meses se comieron a Kenny los muy hijos de puta. El bate no sirvió para una mierda.
Cine
Y lo que nos gustaban las películas de zombies. Lo que las disfrutábamos. Eran graciosas, nos reíamos, todo lucía terriblemente absurdo en su morbidez y tal vez por eso nos reíamos y aplaudíamos. Leíamos a Matheson, también, antes para divertirnos y también después, tal vez buscando consuelo. Consuelo, claro. No esperanza, ni más faltaba. La esperanza es lo primero que se pierde cuando una vecina pequeñaja se come a su primo menor frente a sus ojos sin que usted pueda hacer nada para evitarlo. A partir de ahí ya no hay esperanza. A partir de ahí sólo queda leer libros e imaginar que algún día todo terminará, como los libros, y de ser posible no será doloroso. De ser posible, ah ingenuidad, habrá algo de glorioso en ese cierre, como en el libro de Matheson. Esa gloria contradictoria de saberse memorable aunque finito. Memorable, sí, eso es lo importante. Eso es lo máximo a lo que podemos aspirar.
Cabezas

Ayer le arranqué la cabeza con la bayoneta a uno que estaba dormido en la casa del lado. Tengo colgada la cabeza en la sala, como un trofeo. Tengo varias cabezas, las colecciono, les pongo nombres, las veo pudrirse y me arrepiento de no haber tomado ese curso de taxidermia cuando tuve oportunidad. Por las tardes nos sentamos con el perro y conversamos con las cabezas, como Tom Hanks en esa película del náufrago. Igualito: El perro dice cosas, las cabezas le responden, yo intercedo. Las cabezas son tozudas, el perro siempre está dispuesto a negociar. Las cabezas le dicen al perro que cuando se acabe la carne me lo voy a comer, pero yo le digo al perro que no les haga caso, que son sólo cabezas secas, que yo nunca -nunca- sería capaz de hacerle daño. El perro parece convencido. Será creerme.
Matheson
Pero en el libro de Matheson todo es más sencillo. Neville descubre cosas, aprende, los estudia. El perro y yo a duras penas sabemos cómo matarlos. Y eso porque es fácil: Es cortarles la cabeza, o desmembrarlos, lo usual. No hay nada misterioso ni ritual. Les da miedo el sol, duermen de día. De día el barrio es nuestro. Vamos por ahí, hacemos compras, decapitamos un par, limpiamos la casa, escuchamos música, fumamos marihuana y asamos pájaros silvestres. El perro dice que me estoy volviendo loco, que hablo solo, que no siente que pueda confiar del todo en mí, pero yo sé que él también comprende que mi situación -nuestra situación- no es fácil. Un mínimo desequilibrio es necesario para mantener la cordura.
Censo
Hoy vino el empadronador, se parece a mí. Tocó la puerta, lo invitamos a comer galletas. Se sentó frente a nuestra chimenea y nos preguntó cómo nos llamábamos y luego nuestros apellidos. Se rió. Nos preguntó si había alguien más en casa. Le dijimos que no. Nos preguntó si conocíamos a alguien más. No, a nadie. Nos preguntó hace cuánto tiempo vivíamos en ese lugar. Diez años. Nos explicó que había subsidios estatales para solitarios como nosotros. Nos dijo -¿pueden creerlo?- que la soledad era una cuestión de perspectiva. Nos regaló un libro sobre cómo hacer amigos e influir en otras personas. Anunció que regresaría en diez años, con noticias del otro lado del oceano.

(Comentario con el patrocinio de mi blog de estrenos en TCM)

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