| Nombre: | Perdidos en Tokio |
| Categorías: | Drama |
| Director: | Sofia Coppola |
| Año: | 2003 |
Otras reseñas para esta película
Perdidos en Tokio (2003)
Perdido en la adulación
Tal vez debería contarles cuál es la primera imagen de “Lost in Translation”. Es muy bella, no vayan a creer que se llevarán un susto o que se sentirán incómodos, todo lo contrario. Los problemas comienzan luego de que aparece el título de la película, justo después de esa hermosísima imagen. A partir de ese momento, acompañamos a Bob Harris, un actor de Hollywood que se ha “vendido” a una productora de whisky japonesa para grabar un comercial, escapando por unos días de la vida que lleva en casa, escapando de su esposa y de su hijo.
Los planos que nos muestran a una Tokio repleta de gente, con rascacielos metálicos y brillantes por cuyos ventanales puede aparecer un dinosaurio publicitario en cualquier momento, y que son al mismo tiempo la mirada de asombro de Bob, consiguen comunicar la sensación de soledad y desamparo que el personaje expresará a lo largo de la historia, acentuado por el efecto de no entender muy bien lo que pasa, cuando todo lo que dice tiene que ser traducido (de allí el título original de la película, “Perdido en la Traducción” y no “Perdidos en Tokio”, como se les ocurrió a los distribuidores nacionales, con su ingenio acostumbrado) y cuando a su vez, no capta nada de lo que hablan a su alrededor. Hasta el momento, todo va bien.
Por otro lado, está Charlotte, la joven esposa de un fotógrafo publicitario, interpretada por Scarlett Johansson, actriz infantil de “El hombre que le susurraba a los caballos” (“The Horse Whisperer”, 1998) y adolescente en “The man who wasn’t there” (2001), quien como buena y comprensiva mujer debe esperar a su marido en el mismo hotel de lujo en el que se aloja Bob. De momento la situación parece perfecta para lo que uno cree que puede ser la película: o un drama minucioso y sensible, donde los espectadores podamos compartir los sentimientos de los protagonistas, o una comedia romántica repleta de ternura, que sea capaz de juntar a seres tan distintos y tan similares al mismo tiempo, enriquecida por el entorno de ciudad asombrosa y extraña. Pero no.
No hay ningún reparo frente a la forma. Sofía Coppola se ha rodeado de varias de las personas que conforman el equipo de trabajo usual de su marido, el talentoso Spike Jonze, creador de la original “¿Quieres ser John Malkovich?”. Su director de fotografía, Lance Acord, vuelve a conseguir, esta vez bajo las órdenes de la esposa de Jonze, una paleta de color adecuada para cada momento, logrando resaltar el hermoso y melancólico rostro de Johansson y la expresión insomne y ausente de Murray.
Sin embargo, lo más importante de una película es su historia. El cómo se cuenta es un valor absolutamente imprescindible, pero si no hay nada que contar, no hay fotografía, ni edición, ni música que valgan. Y es allí donde falla Sofía Coppola -quien además de dirigir es la escritora del guión y directa responsable de la trama- pues se queda muy pronto sin aliento, acompañando las secuencias con una cámara curiosa y agradable, pero dejando a los personajes a la deriva, en medio del desconcierto y la soledad casi desde el comienzo. Hay que negarse a creer que la ausencia de una narración y la sucesión de planos innecesariamente largos y descriptivos sea la mejor forma que encontró la directora para describir una "relación postmoderna". Lo que faltan no son palabras, sino acciones, sucesos que permitan convertir a la historia en algo digno de contar, que vuelvan humanos a esos personajes transformados demasiado pronto en maniquís, sin vida ni alma.
Una cosa es la sutileza y otra muy distinta la carencia. Si la intención era mostrar la imposibilidad de un romance entre dos personas así, la película tendría que estar más llena de momentos que lo digan, como cuando los protagonistas tratan de besarse con incomodidad al despedirse en un ascensor o cuando duermen juntos y él sólo atina a rozarle un pie, mientras piensa en lo que pudo ser y no fue. Gestos visuales, acciones, que son las que construyen una historia.
No quisiéramos pensar que la increíble avalancha de críticas favorables, se deba al hecho de que Sofía es hija de Francis Ford Coppola, porque además algunas imágenes demuestran su talento, pero es cierto que la publicidad no se compadece con el producto. Incluso una de las escenas más bellas, en que Charlotte se ve rechazada por una pareja de robots enanos y blancos, fue eliminada en la edición final, en otra desafortunada decisión que por fortuna la copia en DVD resuelve. Lo que sí queda claro es que el año que pasó no fue muy bueno para el circuito comercial estadounidense, si una película tan desigual acaparó tanto la atención de la prensa especializada.
Tal vez sí debería contarles cuál es la primera imagen de “Lost in Translation”. Pero es mejor que la vean ustedes, después de ella no hay mucho más que apreciar.
Publicado en 2004 en la página web www.vivalacultura.com
