| Nombre: | Troya |
| Director: | Wolfgang Petersen |
| Año: | 2004 |
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Troya (2004)
Mucho tilín tilín
Aunque no existe una fórmula mágica para hacer cine, las buenas películas suelen combinar varios elementos: una historia interesante, personajes llamativos, buenas dosis de emoción, uno que otro romance... Por eso los filmes que le apuestan a un solo elemento suelen perder. Ese es el caso de Troya, una producción que apostó a que podía salir adelante solamente con unas multitudinarias batallas. Y aunque sus recaudos en taquilla sean monumentales, la cinta deja mucho que desear.
Troya ofrece una historia vagamente basada en La Ilíada, la epopeya de Homero que todos debimos haber leído en el bachillerato. La hermosa Helena de Esparta se enamora de Paris y huye con él a Troya, dejando abandonado a su marido Menelao. Éste convence a su hermano Agamenón de ejecutar una desmesurada venganza: una guerra entre Grecia y Troya. Así, los ejércitos griegos atacan la ciudad amurallada bajo el mando del mejor guerrero de la época: el gran Aquiles.
A pesar de las posibilidades que ofrece la historia, Troya es una película plana y tediosa. Muchos aspectos de la película lucen insípidos y anticuados: los parlamentos parecen escritos en los años 1930, los encuadres son tan estáticos como los de los años 1940, y la música es tan obvia y efectista como la que se usaba en los años 1950. Por supuesto que varias de las batallas están bien hechas, pero parecen simple fuegos artificiales en medio de una celebración aburridora.
El elenco tampoco ayuda. Salvo el digno trabajo de Peter O’Toole, el resto de las actuaciones son flojas. Por ejemplo, Brad Pitt caracteriza a Aquiles como un niñito malcriado e insolente, y pelea con un estilo saltarín que recuerda a Kobe Bryant (también malcriado e insolente) yendo hacia la cesta.
Esos son los problemas de hacer una película en función de ofrecer un combate cada media hora, sin tener en cuenta las necesidades de la historia.
