Nombre: Perdidos en Tokio
Categorías: Drama
Director: Sofia Coppola
Año: 2003

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Samuel Castro * * ½
Mauricio Reina * * * ½

Perdidos en Tokio (2003)

Una oportunidad

“Las diferencias de idioma hacen de este planeta un lugar hermoso y extraño...”, dijo en una entrevista Jim Jarmusch, el director más célebre del cine independiente. Como suele suceder con todo lo que dice Jarmusch, esta parece una frase hecha sólo para descrestar. Pero, como también suele suceder con lo que dice Jarmusch, la frase es totalmente cierta. Y si a alguien le cabe alguna duda, que vea Perdidos en Tokio.

Y es que esta película de Sofia Coppola (la hija de Francis Ford Coppola) revela todo lo malo y lo bueno de estar en un lugar donde uno no entiende el idioma. Quien haya estado en esa situación conocerá la desolación que produce no poder entender siquiera un simple saludo, pero también sabrá que ese peculiar aislamiento constituye una oportunidad única para dejar de lado todos los parámetros de nuestras vidas. Bajo esas condiciones, uno tiene la posibilidad de dejar de ser quien debe ser, para ser quien quiere ser.

Dos personajes enfrentan esa posibilidad en Perdidos en Tokio. Bill Murray encarna a un famoso actor que ha viajado a esa ciudad a grabar un comercial. Allí conoce a una joven recién graduada de la universidad (Scarlett Johansson), quien acompaña a su marido en un viaje de trabajo. Al principio los encuentros son puramente accidentales, pero poco a poco los dos se arriesgan a ser quienes quieren ser, y aquello cobra vida propia.

Bajo la apariencia de una simple comedia romántica, Perdidos en Tokio ofrece una interesante reflexión sobre el amor, la soledad y la posibilidad de volver a empezar. Algunas veces Coppola se va por el camino fácil del chiste flojo, como en las lamentables secuencias de la prostituta y el talk show. Pero la película tiene dos cosas que la redimen de cualquier pecado: la excelente actuación de Bill Murray y una memorable escena críptica, que deja a los espectadores en ascuas y eleva la cinta al nivel donde habita el arte.