Nombre: La piscina
Categorías: Suspenso, Erótico, Basado en una novela, Crimen
Director: François Ozon
País: Francia
Año: 2003

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Maria del Rosario Acosta Lopez * *

La piscina (2003)

Sarah Morton es una escritora inglesa, famosa y millonaria gracias a sus novelas policíacas, que aprovecha la estadía en la casa de campo de su editor, en Francia, para recoger las huellas de su pasado y deshacerse, por fin, a través de la escritura, de los traumas que la atormentan desde su juventud. Esta, claro, podría ser una de las interpretaciones posibles de la enigmática película de François Ozon, quien decide abandonar el encanto de su última película, para ofrecernos un completo juego de imágenes y símbolos (la piscina, claro, es el principal: ¿simboliza el proceso de purificación del personaje, la vuelta a la matriz, el renacimiento?) que impiden toda posibilidad de disfrutar la historia. Sí, es cierto, la película está bien filmada, los personajes son interesantes, los diálogos no caen en la estupidez, pero ¿es esto suficiente para decir que es una buena película? Lo dudo: puede ser muy profunda, mostrarnos la complejidad interior de su personaje principal a través de las imágenes exteriores (la urna en forma de huevo, las cenizas, el agua, la muerte como redención) y dejarnos perplejos al final a través de una manera muy inteligente de confirmar todas nuestras sospechas, pero eso no impide que, después de la primera media hora, sea difícil mantener la atención, interesarse por la historia y dominar la tentación de salirse del teatro. La película de Ozon resulta siendo profundamente aburrida: el cine, en últimas, no está para hacernos más inteligentes, sino para enseñarnos a disfrutar, como puede hacerlo un buen libro, con las historias de siempre, contadas como nunca a un público que no necesita posar de intelectual.   

Mejor escena: todas las escenas que suceden alrededor de la piscina son interesantes: Julie se sumerge en el agua, bajo una capa de hojas que cubre la superficie, y que pronto será retirada para que Sarah se sienta capaz, ella también, de nadar bajo el agua. Lo peor: las escenas de sexo, completamente innecesarias; sobre todo, el momento en el que Sarah, abriéndose la bata, invita al mayordomo de más de setenta años a seguirla a su cuarto. Vale la pena: las actuaciones de los personajes –sobre todo Sarah y Julie son brillantemente encarnadas por Charlotte Rampling y Ludivine Sagnier–. Véala si: le gustan las películas, las obras de arte y de teatro que le exigen saber tanto o más que el director/artista para entenderlas. Si en el último Festival de Teatro le gustó la obra de Tomás Pandur, Cien Minutos, seguro esta película le va a encantar. 

 

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