Nombre: La familia de mi esposo
Categorías: Comedia, Familiar
Director: Jay Roach
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Mauricio Reina * *

La familia de mi esposo (2004)

El humor no es un chiste

Hace un par de años la revista The Economist publicó un delicioso artículo con un sugestivo título: “Los franceses tienen chistes, pero ¿tienen humor?”. Más allá del tradicional sarcasmo del semanario británico hacia los galos, el artículo recordaba una verdad de a puño: el humor no consiste en echar chistes. Si alguien tiene dudas, le pido que recuerde la última fiesta en la que un cuentachistes espontáneo se sentó en la palabra.

Estas reflexiones me asaltaron ante la andanada de chistes de La familia de mi esposo. La película dispara alrededor de un chiste por minuto, lo que arroja más de cien en toda la proyección. Convengamos que si uno echa cien chistes, alguno le tiene que salir bueno. Por eso la estrategia de la película de disparar con perdigón da como resultado unos diez buenos apuntes. No sé a ustedes, pero a mí me parece un exceso aguantar noventa chistes malos para oír diez buenos.

La familia de mi esposo tenía la materia prima para ofrecer buen humor. La idea de enfrentar dos familias radicalmente opuestas alrededor del compromiso de sus hijos puede dar para muchas situaciones divertidas. Pero mientras en la realidad esta situación generaría una tensión hilarante bajo una aparente normalidad, en la película todo se exagera tanto que se pierden dos ingredientes fundamentales del buen humor: la sutileza y la sorpresa.

Es tal la debilidad de la cinta por el chiste fácil, que sus apuntes más flojos ni siquiera tienen que ver con su conflicto central, como sucede con el desenfreno sexual de un perro o el vuelo parabólico de un prepucio. No hay cuentachistes pesado que no termine recurriendo al repertorio de la Nena Jiménez. 

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