| Nombre: | Troya |
| Director: | Wolfgang Petersen |
| Año: | 2004 |
Troya (2004)
Quería ver esta película desde que la estaban filmando: la guerra de Troya, la Ilíada, los amados griegos. Soy de los que cree que el mito es indestructible, a pesar de los bárbaros americanos, más nefastos aun que los Persas que asolaron a Grecia. Pero, una vez estrenada los muy negativos comentarios de críticos y amigos no auguraban nada bueno. Realmente, a pesar de la curiosidad de ver a la bella Helena, al caballo de Troya, el diálogo entre Príamo y Aquiles sobre el cadáver de Héctor, perdí el entusiasmo: es que no soy un crítico profesional. Sólo fui a por mantener la promesa que le había hecho a mi hijo de verla juntos. Es decir, la vi esperando lo peor. Y, efectivamente, fue lo peor. Sin embargo, la prevención fue un antídoto extrañamente eficaz: la rabia se convirtió en risa. Agamenón y Menéalo como dos matones de la DEA; Helena como una cheer de high school; Aquiles como un furioso jugador de fútbol americano que da saltitos en cámara lenta como una estrella de la NBA; el hijo de Héctor y Andrómaca, todo un bebé Johnson y Johnson, y Paris, el campeón indiscutible de esta representación colegial con plata: un galán de after party. (No hago comparaciones de Patroclo para no herir a la comunidad gay). ¿Y qué tal los diálogos? Melosos y patéticos: “¿qué hiciste antenoche Helena?”. (La figura de Héctor y Príamo evitan el desastre total). Y las batallas, los efectos especiales, la gran esperanza: ¡ay Dios! ¿Nadie les explicó que los griegos no eran tantos como los Hunos? Pero es que un editor con un computador es muy peligroso: copiar y pegar, copiar y pegar. Daba pena ajena ver tantos barquitos griegos en el mar Egeo: tantos que se podía ir a pie desde Asia menor hasta la península Ática. Y esa Troya de cartón hubiera quedado mejor en Lego (se salva el Caballo de Troya). A propósito: ¿nadie les dijo que las estatuas griegas no tenían la monumentalidad de egipcias? Bueno, no. Tampoco nadie les aclaró que Aquiles no podía ser tan escéptico con los dioses: era absolutamente imposible que hubiera leído a Nietzsche. Y hablando de Dioses: no aparecen. La guerra de Troya sin dioses es como la guerra civil norteamericana sin esclavos. ¿Vale la pena seguir? No creo, esto no es serio. Era un mero asunto de business. Un estudio de mercado dijo que después del éxito de El señor de los anillos la épica podía ser muy rentable. Y claro que lo era: pero no de una forma tan chabacana ni tan apresurada. Al fin y al cabo El señor de los anillos puso un buen nivel estético. Por fortuna, los dioses griegos son vengativos: ni siquiera el negocio, que estaba cantado, les salió bien. Hasta ahora, Troya no ha dado (y no va a dar) las ganancias que esperaban sus ávidos productores.
Posdata. Al final mi hijo Juan y su amiga Mariana me preguntan interesados por la guerra de Troya. Sí: probablemente el mito es indestructible a pesar del bárbaro Hollywood.
