Nombre: La piscina
Categorías: Suspenso, Erótico, Basado en una novela, Crimen
Director: François Ozon
País: Francia
Año: 2003

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Luis Fernando Afanador Perez * * *

La piscina (2003)

Sarah Morton es una escritora inglesa de novelas policíacas, algo neurótica, que además se encuentra en crisis con el detective de la saga que ha creado. Su editor, Jhon Bosload, para superar su estado esterilidad (que afecta sus ganancias) le ofrece que vaya una temporada a su casa en el mediodía francés. Allí llega la escritora y, como era de esperarse, la inspiración acude muy rápido por la influencia del clima y de ese incomparable paisaje. Pero, nada es perfecto: la horrible realidad se entromete bajo la figura de Julie, la hija del editor: bulliciosa, ruidosa, promiscua, pero también sensual y seductora. El orden del espíritu es perturbado por el desorden de la carne y de la vida; el frío anglosajón es tentado otra vez por la vitalidad mediterránea. Remenber Thomas Mann y tantos escritores; inocultable hasta aquí el tufillo intelectual de la historia. Pero, pese a ello, la película no nos disgusta del todo: es bella la casa, la luz del verano, es buena la actuación de las dos mujeres y es sobria la filmación con sus dosis bien administradas de intriga. Obviamente, la escritora cambia lo que está escribiendo e introduce en la ficción la realidad más interesante que la rodea. Sin embargo, la trama se pone un tanto escabrosa: Julie de tanto provocar a Sarah con sus amantes y sus ruidosos orgasmos ha despertado en ella la pasión por el apuesto Franck, el mesero del encantador restaurante donde Sarah almuerza. Sara, en su perversa provocación terminará tirándose a Frank y, por supuesto, matándolo. Es más: conseguirá que Sara sea su cómplice en el crimen. La ninfa no sólo incita al deseo sino al mal. Como si fuera poco sabremos que la mamá de Sara murió en un oscuro accidente, que era un escritora y su esposo, el editor, un tirano y un libertino.

Si me ha seguido hasta acá y no ha visto la película debe suspender la lectura inmediatamente por lo que voy a decir: resulta que todo era una ficción. Vimos no la realidad sino el libro que Sarah escribió y publicó en una suerte de venganza contra su editor. Nos hicieron trampa, había cartas marcadas. Al final, como decían los maestros Bioy y Borges, debe haber sorpresa pero no tanta que al lector (al espectador) no se le hubiera ocurrido. Y aquí, no se le ocurre ni al más inteligente: juego sucio, trampa. Puro y descarado Deux ex Machina. Claro que la historia se estaba poniendo tan abstrusa (un mayordomo viejo y tierno del cual no hemos hablado se acuesta, como quien va al patíbulo, con Sarah) que, no obstante el machetazo, uno siente que le sube otra vez el nivel intelectual a la película: juegos de metaficción y tal. Se apagan las luces: el desconcierto de los espectadores es total.

Generalmente yo odio con toda mi alma este tipo de películas y entiendo que la gente las odie (la brillante María Acosta la odio con muchas ganas). Pero a ésta no y no sé porqué. Tal vez me gustaron, por su buena actuación, los personajes de las dos mujeres (el paisaje también ayuda mucho, no crean). Y, tal vez, cuando a uno le gustan los personajes se vuelven como amigos y, ya se sabe, con los amigos se es más condescendiente y hay que perdonarles todo. Es una película en el fondo demasiado racional, intelectualoide (tipo “francesa inteligente) a la que el corazón que le ponen estas dos mujeres la hace, en mi opinión, bastante aceptable y digna de ver. Me gusto verla pero no se la recomiendo a nadie. (Ah, los amigos).

 

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