Nombre: La pasión de Cristo
Categorías: Drama, Religiosa, Basado en hechos reales, Biográfica, Histórica
Director: Mel Gibson
País: Colombia
Año: 2004

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * * ½

La pasión de Cristo (2004)

La historia de un héroe sagrado

DECLARACIÓN 1: “Yo quería chocar, llegar a los extremos, conducir al espectador hasta el borde del abismo para hacerlo ver la enormidad del sacrificio de Cristo”. Las palabras de Mel Gibson, dadas a la revista latinoamericana Gatopardo, no dejan lugar a dudas: nada es casual en las extenuantes secuencias (tanto para Jesús como para los espectadores) de tortura que ocupan la mayor parte del tiempo de proyección en “The passion of the Christ”. La cinta, que por obra y gracia de un tremendo cubrimiento de los medios es hasta el momento el estreno más importante del año y ha convertido al actor y director australiano en multimillonario, fue pensada desde su concepción como una obra descarnada y manipuladora, objetivo que puede ser discutible pero que, con mucho oficio, Gibson cumplió a cabalidad.

DECLARACIÓN 2: “No veo cómo pueden tenerse “héroes” sin suplicio. Me gustaría pensar de otro modo y contar con una visión más alegre de la vida. La verdad es que soy un ser atormentado por naturaleza. Por eso necesito de la fe. Sin la fe me pierdo”. Con este propósito, Gibson ha escogido que su película sólo muestre la tragedia que ensalza al héroe. Jesús hacía milagros y prodigios, pero es su mensaje de “ama a tu enemigo”, puesto a prueba durante las 12 horas antes de la crucifixión, lo que lo convierte en Dios y lo que al director le interesa. En ese sentido, el actor que saltó a la fama con la película “Mad Max”, muestra por lo menos que tiene ideas y que conoce cada vez mejor, las posibilidades que la técnica y el arte le ofrecen.

Para acrecentar la sensación de misterio y realismo, decide enfrentar en forma valiente los cánones tradicionales gringos y obligar a su elenco a hablar en arameo, latín y hebreo. Qué importa si a veces su pronunciación no es correcta como han dicho algunos críticos escrupulosos, el resultado para el espectador común es convincente, y no ha espantado al público estadounidense de las salas. Ahora bien, esa decisión la compensa creando un relato más visual que oral, una serie de atmósferas basadas en la ambientación y la iluminación de los cuadros de Caravaggio. Desde los azules intensos mezclados con rayos de luz, que acompañan la oración en el huerto de Getsemaní, pasando por los tonos ocres del recinto de la última cena, hasta el cielo gris y tormentoso sobre el Gólgota.

Decisiones como ésas son las que demuestran que un director con carácter y creatividad, es capaz de convertir una historia ya contada por muchos en una obra única y personal. Tan personal, que el nombre Mel Gibson aparece como coautor del guión de la película; de sus ideas salen algunos de los momentos más impactantes del filme, unos acertados, pues aumentan el dramatismo y la emoción (Satanás en forma de mujer tentando a Jesús mientras ora en el huerto, la madre desconsolada que en su desesperación sólo acierta a limpiar la sangre del hijo que ha quedado en el piso del patio de castigo) y otros grotescos (las caras demoníacas de los niños que apedrean a Judas, el bebe monstruoso que observa las horas de tortura y que es, suponemos, el mismo demonio) pero ante todo, reflejos de la propia visión de Gibson.

Sin los recursos económicos con los que contó en Braveheart nuevamente demuestra Mel Gibson que es un excelente director de actuación, y que con un reparto de competentes actores europeos es capaz de lograr interpretaciones extraordinarias como la de María (la rumana María Morgenstern) o la de Pilatos (el búlgaro Hristo Shopov). Como el gran director en el que se está convirtiendo, saca lo mejor de personas con experiencia en trabajos con menos pretensiones artísticas (el músico John Debney había hecho las partituras originales de The scorpion king, Elf y Spy Kids) y arma una estructura en la que la mayor parte de los elementos se acopla a la perfección.

A estas alturas de la crítica muchos lectores se estarán preguntando dónde ha dejado el autor de este artículo las observaciones ideológicas que otros han hecho sobre la película: dónde están las frases racistas pronunciadas por el papá del director en muchas entrevistas, o las declaraciones a favor que las iglesias católicas han hecho públicas en todo el mundo. Observaciones de ese estilo no las van a encontrar porque ese sea tal vez el principal error que se ha cometido con La Pasión: descalificarla o elogiarla basados en argumentos religiosos, políticos o históricos como la fiel interpretación de las escrituras (ya hemos visto que el director inventó escenas) o lo malvados que lucen aquí los judíos (observación tan absurda como si los egipcios se hubieran enojado con Cecil B. De Mille en los cincuenta, porque los muestra crueles con el pueblo judío en Los Diez Mandamientos).

DECLARACIÓN 3: “Siempre hay y habrá idiotas y fanáticos que interpretarán las cosas a su manera distorsionada y morbosa”. El problema es que parece que esos idiotas son la mayoría, una mayoría que ha llenado las salas por las razones equivocadas y que observa con éxtasis místico lo que de por sí es maravilloso precisamente por lo contrario: porque es la creación artística de un hombre, tan humano e imperfecto, como cualquiera de nosotros.

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