Nombre: Apocalipsur
Categorías: Road movie, Cine colombiano
Director: Javier Mejía
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Martín Franco * * * ½
Diego Guerra * * * *
Álvaro Velez (Truchafrita) * * *

Apocalipsur (2007)

Casi, pero no
Apocalipsur es una típica película de promesas inconclusas, de una serie de proposiciones que, quizás, se hicieron y quedaron divinamente en el guión pero que en la película en sí no llegaron a concretarse de manera definitiva. Son varias las razones que me motivan a hacer tan desarfotunada afirmación: en principio podemos hablar de las actuaciones, que desfiguran completamente las intenciones de casi todas las secuencias de la película, estas deficientes muestras actorales (hechas con actores naturales, sin formación en el campo) reducen la verosimilitud de muchos tramos del film, sacándonos constantemente de la historia, del asunto de que trata o cuenta Apocalipsur. Superados muchos de los escollos que el cine colombiano había sufrido, en especial asuntos técnicos tales como el sonido, la gran falencia del cine colombiano actual es encontrar una actuación acorde con el registro cinematográfico, el problema no solo es de Apocalipsur, sino de la gran mayoría de las producciones colombianas las cuales, por lo general, fluctúan entre dos antípodas de la actuación: el actor natural, en donde es imprescindible el ojo y la “suerte” del casting y/o la inspirada facultad innata del individuo escogido, para dar brillantes chispas de actuación; y el actor de televisión, tan habituado a los cortes rápidos, a la agilidad y fragilidad de las imágenes de la pantalla chica y que, en muchas ocasiones, se encuentra inmerso en el efímero estrellato de la televisión nacional (para una muestra de este caso de actuación el lector puede remitirse a la desafortunada y completamente descartable película Algo huele mal, de Jorge Alí Triana). Pero no solo es la actuación la que molesta en Apocalipsur sino también –y a pesar de que el guión parece estar cargado de buenas intenciones, o “promesas”– el tratamiento que se hace de los diálogos. Es indiscutible que Apocalipsur es más un film de diálogos que de acciones, es la construcción de los primeros lo que hace fuerte a la película, pero Apocalipsur cae, en muchas ocasiones, en tramos poco creíbles por la construcción de esos mismos diálogos. Da la sensación que el guión, en ese aspecto, debió ser un poco más revisado, como si la película de hubiera trabajado con un guión poco acabado. Muchas veces, como espectador, uno piensa mientras ve el film de Javier Mejía: “eso no puede decir ese personaje ahí”, “esas no son las palabras, el vocabulario, que usaría ese personaje”. Cosas como esas te sacan inmediatamente de la película y te recuerdan que esas sentado en una sala de cine viendo un film (que, creo, no es la intención de ninguna buena película que se precie de serlo).

Pero hay un asunto más de fondo que me molesta de Apocalipsur, una promesa que se hace al principio del film y que no parece cumplirse en su metraje subsiguiente: Apocalipsur presenta, en sus créditos iniciales una secuencia de imágenes, capturadas de la televisión nacional, que sitúan la trama particular de la película durante la violencia del narcotráfico en la ciudad de Medellín, al mismo tiempo un texto al iniciar el film nos cuenta que hubo una generación que si bien no vivió estos acontecimientos directamente sí estuvo de forma indirecta en el conflicto (y por eso estos jóvenes llamaban a Medellín el Apocalipsur, creo que así dice la frase final del texto presentado al principio del film). Luego la película nos va a contar la historia de unos jóvenes dentro del contexto de la guerra del narcotráfico en Medellín (finales de los ochenta y principios de noventa), no inmensos en ella pero sí como telón de fondo. Esa interesante promesa que lanza Apocalipsur desde el principio: una dicotomía entre un lugar inmerso en un desastroso conflicto y una historia de amistad, entre jóvenes, involucrados de manera indirecta en esa guerra no se da, la promesa queda en eso, el telón de fondo se desfigura por el tratamiento casi exclusivo de la historia de los amigos y el espectador se queda esperando esa contradicción, ese choque entre lo salvaje (la guerra del narcotráfico) y lo humano (la historia de los amigos). Cuando la dicotomía, la máxima promesa del film y por ende su atractivo especial, trata de darse solo queda en simples anécdotas.

Qué importa si el film trata o no sobre la violencia en Colombia –algunos aducen que están cansados de ver el tema de la violencia en el cine colombiano, afirmación por demás reduccionista si tenemos en cuenta que de la producción cinematográfica colombiana de los últimos veinte años los temas sobre violencia colombiana en sí, sobre las guerras en este país (sicarios, narcotráfico, paramilitares o guerrilla) no van más allá de un 20% de toda la producción (siendo un poco amplios con el tema de “la violencia en Colombia”)–. Si el cine colombiano espera alcanzar las imposibles cifras de una producción industrial tiene y debe tratar también los temas de la historia violenta de este país, pero eso sí en donde también tengan cabida otras formas de ver ese conflicto, como lo intenta –aunque no lo cumple del todo– esta primera película de Javier Mejía.

Creo que Apocalipsur se queda corto en otros tópicos que pudieron ser muy efectivos a la hora de contar su historia. La banda sonora es casi inexistente en el film y ésta, si hubiese sido más tenida en cuenta, hubiera quedado de maravilla en este film en clave de road movie y además sobre una historia de jóvenes. Es verdad que la consecución de derechos de autor, para hacerse a una buena banda sonora, es demasiado engorrosa pero pueden haber mecanismos que permitan que tales trámites sean menos problemáticos (en Medellín habrían bandas dispuestas a hacer o a permitir la reproducción de sus temas en el film, y más aún cuando en la misma película actúan, entre actores coprotagónicos, secundarios y extras, algunas personas metidas en el asunto, en la “movida” musical de la ciudad), además esto siempre tendrá que ser tenido en cuenta, porque hay que recordar que lo que sé está haciendo es una película, un largometraje y, además, se pretende que éste tenga un interés comercial.

Una vez más el guión tiene imprecisiones al final del film. Además del abrupto final de Apocalipsur el mismo es de una inverosimilitud pasmosa: ¿Cómo pueden entregar un cadáver así? ¿Cómo no se enteraron antes de su muerte? ¿Por qué son los amigos y no la familia, así sin más ni más, quienes reciben los restos? Podrán decir que eso no importa, que quien escribe es demasiado cositero, pero ese final por esas preguntas anteriormente formuladas no es creíble, una vez más y antes de que salgan los créditos finales me han sacado del film.

Podrán pensar –y con mucha razón–, que quien escribe esto no le gustó Apocalipsur y no tienen razón del todo. El film de Javier Mejía no es muy bueno pero tampoco es muy malo. Lo más importante que veo en Apocalipsur, lo que me muestra todo el film, con sus errores estructurales y sus chispas de buen cine, es que detrás de toda la película hay un equipo que se nota que tiene eso que aquí llamamos madera. Javier Mejía, con este film cuasiforme demuestra, a pesar de todo, que tiene ojo, que puede ser un excelente autor, porque si algo tiene esta película es que se nota de un carácter, que hay un autor detrás de la misma y qué rico que este señor director y sus más allegados puedan hacer otra película esta vez sí con mejores actuaciones, cuidando más los diálogos y el guión en general y con un buen equipo que les permita hacer lo que tienen pensado hacer. En ese momento quizás, crucemos los dedos, veremos la mejor película colombiana de todos los tiempos, aún, por parte de él, me temo que no.

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