Nombre: Las canciones de amor
Categorías: Drama, Musical
Director: Christophe Honoré
Año: 2007

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Pedro Felipe * * ½

Las canciones de amor (2007)

La vida secreta de los bobós

Las canciones de amor está dividida en tres partes, intituladas respectivamente La partida, La ausencia y El regreso. En la primera una muerte accidental deshace un trío; en la segunda asistimos a la tristeza del protagonista; y en la tercera a su regreso al mundo de los felices. Durante los cien minutos que dura la cinta podemos escuchar una buena docena de canciones compuestas por Christophe Honoré antes de que la película se rodara, las cuales son interpretadas por los protagonistas y algunos personajes secundarios: Louis Garrel (Ismaël), Ludivine Sagnier (Julie), Clothilde Hesme (Alice), y Grégoire Leprince-Ringuet (Erwann).

Muy celebrada por la crítica francesa, Las canciones de amor es empero una cinta que puede dejar fríos a ciertos espectadores, en particular a mí. Porque sus canciones de amor no me llegaron al corazón, dejándome más bien con la sensación de que se trataba de melodías prefabricadas: de tonadas forzadas a coincidir con un sentimiento; porque las múltiples entradas y salidas de la intriga de los personajes secundarios me parecieron más una falta de profundidad del guión que una búsqueda de perspectivas por parte del autor; y porque el retrato del mundo GLBT me pareció edulcorado, por no decir banalizante.

Si hubiese escrito esta reseña pocos días después de haber visto la peli en cuestión mi veredicto habría sido feroz. Pero he podido confrontar mi experiencia con la de otros espectadores, y tengo que reconocer que en su momento me dejé llevar por la pasión. Las canciones de amor de Las canciones de amor no van a cambiar el rumbo de la humanidad, pero sí pueden hacer evolucionar ciertas ideas; la inestabilidad de la presencia de los personajes secundarios no repugna a las experiencias que pueblan nuestras vidas, pues cada cual y cada quien sabe que la gente aparece y se eclipsa porque sí, o porque no, sin dar explicaciones, para reaparecer —o no— algunos meses después, con tal de que no estén muertas; y en fin, porque cada cual tiene derecho a presentar la (su) sexualidad como mejor le plazca, y si se le antoja presentar las alternativas a la monolítica heterosexualidad como experiencias que no se encuentran en la cornisa, pues nada: que lo haga, y al que le caiga el guante que se lo plante.

Para tratar de efectuar una síntesis entre los dos párrafos anteriores me parece importante poner de manifiesto que me esperaba mucho de esta película. Desde hace años en Francia se espera el Mesías cinematográfico que ponga de nuevo sobre rieles el cine de este país, y anualmente se presentan dos o tres películas que teóricamente habrán de cumplir esa función. Y de decepción en decepción, el corazón cinéfilo se va amargando y la atención desgastando, llevando al crítico-espectador que soy y somos a ser cada vez más escéptico y amargado. Las canciones de amor no es una mala película. Es entretenida, es picante, y hasta agradable de analizar. Pero no aporta mayores elementos al cine francés para salir del pantanal en el que se ha sumido desde la extinción natural de la Nouvelle Vague.

Y a propósito de movimientos cinematográficos franceses, me permito señalar que a Las canciones de amor la perjudica en gran medida sus flirteos con las obras de Truffaut y de Godard, pues dejan justamente una sensación de déjà vu. De haber sido estrenada en 1976 no cabe duda de que su osadía le habría merecido un cierto culto. Pero en 2007 Las historias de amor son un juego que deja qué desear.

Sí, ser bisexual u homosexual no es anormal; pero reducir esos encuentros al juego banal de las escondidas de los heterosexuales no agrega gran cosa al mundo de la vida, más bien al contrario. Forzar la frontera entre la canción y la prosa es enriquecedor, sobre todo para la prosa; pero para expandir la frontera se necesita más que una tríada de cantantes no profesionales errando por las calles de la París contemporánea (bien filmada, eso sí); se necesita por lo menos tener la osadía de Los paraguas de Cherburgo o de Conocemos la canción. Y en fin, los retratos de una generación están algo desgastados, más aún cuando se trata de la fotografía de una clase social...

(Un amigo, o más bien un conocido, me dijo con un tono de reproche que no debía tomarme el lujo de criticar esa cinta de la que yo mismo había podido ser un protagonista... Aunque no entendí del todo su reflexión, le dije que tal vez uno de sus problemas era ese: Que la vida de personas como yo no merece ser llevada a la gran pantalla. Al menos no así).