Nombre: Un tigre de papel
Categorías: Política, Documental, Fantasía, Basado en hechos reales, Comedia dramática, Road movie, Cine colombiano
Director: Luis Ospina
Año: 2007

Otras reseñas para esta película

Maria del Rosario Acosta Lopez * * * *
Javier Moreno * * * *
Mauricio Reina * * * ½

Un tigre de papel (2007)

Es cierto que sería un error dañarles esta película a quienes no se la han visto, diciéndoles que es un documental sobre un personaje ficticio. Pero también lo es –lo siento, Ricardo– que si uno no lo dice, si uno no anticipa que Un tigre de papel es como una especie de Zelig colombiano, limita de inmediato la posibilidad de hacer todos los elogios correspondientes. Y es para hacer estos elogios que escribo yo esta reseña. Porque creo que Pedro Manrique Figueroa (PMF) es un personaje tan ficticio como imprescindible, y quien haya ideado la posibilidad de contar su historia, quien esté detrás de esos collages que no merecen otro calificativo que el de geniales –los créditos dicen que son de Lucas Ospina– , quienes hayan tenido la habilidad de recordarlo como si hubiera existido –desde Mayolo y Jaime Osorio, a quienes ahora también sólo podemos recordar, hasta Vicky Hernández, Joe Broderick, Carolina Sanín o Jotamario Arbeláez–, todos merecen quedar en primera fila, a todos les debemos el agradecimiento por permitirnos ser testigos de una historia que, tristemente para espectadores como yo, ya no es la nuestra.

Y es que, lo que hace evidente esta película, con su tono nostálgico traducido en humor –el humor con el que los colombianos estamos acostumbrados a asimilar todo, desde lo más incomprensible hasta lo que más nos conmueve– es que el tigre de papel no es el de Mao, ni mucho menos PMF (más real que todos juntos), sino el intento de toda una época por completar a la realidad con la ficción, una tarea que sería fundamental –pero que poco a poco se vuelve más ajena– en tiempos de dogmatismos, de realidades llevadas al extremo, o, mejor, de realidades que se encargan de reemplazar toda ficción posible para que no haya lugar a ningún discurso distinto, a ninguna versión alternativa de lo que sucede.

Luis Ospina nos recuerda, como lo recordaba también hace poco Harold Pinter al aceptar el premio Nobel de Literatura, que a veces la ficción es la mejor forma de contar la verdad. Y no había otra mejor manera de hacerlo, creo yo, que contando la historia de tres décadas en Colombia a través de los ojos de Manrique Figueroa.

Mejor escena: Ospina nos hace recordar con todo el cariño del caso, a Mayolo: “Pedro Manrique Figueroa era el alter vago de la generación”. Lo peor: no haber editado al menos veinte minutos de entrevistas (aunque quién soy yo para decirlo). Vale la pena: sobre todo, los collages (insisto)… pero también verlos a todos hablando tan convencidamente de PMF… quien existió para todos, claro, con nombres y caras distintos. Y, por supuesto, la investigación en el patrimonio fílmico: la historia de Colombia a través de la televisión de los cincuentas. Véala si: es de la afortunada generación de PMF o siente que quisiera serlo… o simplemente tiene la capacidad de reírse mientras entiende, con tristeza, que las cosas no sólo no cambian, sino que, si lo hacen, tienden a estar peor. 

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