| Nombre: | Persépolis |
| Categorías: | Comedia, Animación, Política, Religiosa, Documental, Fantasía, Infantil, Basado en hechos reales, Romance, Guerra, Comedia dramática |
| Director: | Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud |
| Año: | 2007 |
Persépolis (2007)
El velo
Como el desapego no es lo mío, acumulo espacios, los colecciono, y aunque deje de existir en ellos nunca los abandono del todo. Algún remanente queda. Algún detalle de cada sitio donde he dormido o comido o trabajado. Todo se va sumando y superponiendo. Desde la ventana de mi sala veo una heladería en Lorica, una calle tranquila en Bogotá, un parque infantil, un patio de armas desolado, la nieve blanca de Urbana sobre los faroles y los carros estacionados en la calle, y el barrio de ladrillo de Leeds con niños pakistaníes que juegan cricket y fútbol indistinta y simultaneamente. Todo eso está ahí, del otro lado de la ventana. Nada nunca se aleja demasiado.

En Persépolis exploramos las memorias de Marjene. Como las de todos, no la dejan en paz. Marjene viaja y escapa. No puede dejar Iran pero debe hacerlo: Iran -como Colombia, pienso ahora-, es un mejor lugar para extrañar que para vivir. Marjane recuerda ese último paseo con su abuela hasta la orilla del mar Caspio. El olor inconfundible sigue ahí, al igual que siguen sus padres, y la comida familiar, y su habitación, y las calles donde jugaba cuando niña, y sobre todo las historias que le contaron cuando niña sus tíos y los amigos de sus padres. Las historias sobre reyes y tiranos y herencias, sobre la valentía de oponerse a la injusticia y la dignidad de luchar contra lo impuesto. En la memoria de Marjane están todas esas cosas, pero también están Ios gritos en la calle clamando por la caida del Shah, y luego los mismos gritos, horrorizados, durante los bombardeos Iraquíes, que a veces se parecen tanto a los gritos, estos silenciosos, cuando la revolución islámica llegó y ciertas cosas se volvieron imposibles de decir y hacer y fue necesario cubrirse la cara con un manto. El colegio entonces: Cientos de caritas femeninas dibujadas a medias sobre un gran manto oscuro. En Persépolis, por naturaleza, todo difumina tarde que temprano al negro. Es duro e inevitable.
El gran personaje de la historia de Marjane es su abuela: La mujer íntegra, fuerte y valiente, la mujer optimista, la de las tetas firmes y aromáticas. Es sobre su abuela que trata Persépolis, aunque su abuela siempre sea lateralmente mencionada entre episodio y episodio. Es su abuela la que encausa el camino de Marjane, la que siempre le sirve de guía, aún en su ausencia. Cuando Marjane se despide de ella por última vez, reconoce que a veces para ser libre hay que sacrificar ciertas cosas. Persépolis no es fácil, porque sobre todo gira en torno a despedidas y partidas, y al quiebre de ciertas (todas las) ilusiones. Persépolis no es una película feliz, pero es bellísima, de esa manera sencilla que Satrapi, con su gran lunar junto a la nariz, sabe siempre ser bellísima.

Eso sí, yo sigo prefiriendo Persépolis, la novela gráfica.
