| Nombre: | Promesas del Este |
| Categorías: | Drama, Acción, Suspenso, Política, Thriller |
| Director: | David Cronenberg |
| Año: | 2007 |
Promesas del Este (2007)
Cronenberg persiste.
Según la receta Cronenberg de ejecución cinematográfica, las películas tienen escenas que impactan y escenas que no. Las escenas que impactan
son finitas, desbordantes y grotescas. Su propósito es servir de engranaje al resto, o de escalera, o de salto, o de ritmo. Cronenberg se ha esforzado en convencernos de la necesidad de lo grotesco, de su relevancia como herramienta de impacto estético, y de su utilidad como medio: El mensaje grotesco es imborrable si somos valientes y lo vemos. Las escenas que no impactan, por otro lado, son el resto, obvio. La trama se desarrolla en ellas, los personajes crecen, las intrigas son propuestas, el mundo gira, pero cuando algo realmente grande pasa, cuando alguien muere o alguien se transforma o alguien corrompe a alguien más, cuando las escenas realmente tienen un significado más allá de su valor como narradoras (cosa controversial como poca esa), entonces la receta Cronenberg recomienda utilizar escenas que impacten, lo grotesco y eso.
Hay películas de Cronenberg donde, llevando al límite su técnica, el despliegue grotesco es constante y el impacto, cuando ocurre, resulta insoportable. Crash en cine me perturbó inmensamente. Hay otras, como Rabid, donde Cronenberg procede por dosis puntuales, y aunque el quiebre puede ser más drástico, su efecto pocas veces sobrepasa nuestros límites de tolerancia y entonces vemos, entre horrorizados y fascinados, cómo de la axila de esta mujer nace esta especie de verga con dientes, un tricocéfalo gigante, que se alimenta de la sangre de aquellos que seduce. En Promesas del Este, como en A History of Violence, Cronenberg se decanta por esta opción, pero lo hace sin recurrir al bizarrismo escatológico que lo caracteriza, decepcionando ya de base a un buen porcentaje de su fanáticada freak que sólo quiere babas, mocos, semen y sangre.
Y bueno, hay sangre. El tema de Cronenberg, uno de ellos, es la violencia, y en Promesas del Este esta violencia, la mayoría del tiempo oculta, latente, se revela en tres ocasiones, sólo desbordando la pantalla (y nuestras expectativas) en una muy larga y potente. Una tan potente que bien podría justificar una película entera.
Eso es algo que siempre me ha interesado. Desde Videodrome sabemos que la posición de Cronenberg ante la violencia explícita es casi filosófica: Cuando Cronenberg nos ofrece violencia quiere que apreciemos la simulación y seamos capaces de abstraerla, de ver el ballet oculto, para luego decirnos -de esto ya había hablado- que eso pasa, que no hay nada en ella que no ocurra afuera del teatro, que el impacto debería ser en respuesta a la sangre en fuente sino a nuestra pasividad ante la brutalidad. Lamentablemente, el mensaje de Cronenberg nunca ha calado muy hondo. Es fácil -no sé si para bien o para mal- entretenerse con su gore venereo y nunca explorar más allá.

Promesas del Este tiene unas actuaciones deslumbrantes y un par de personajes fabulosos. También tiene una historia (de mafiosos rusos y prostitución infantil en Londres) con altibajos y un poco coja, característica que comparte con buena parte de la producción digamos clásica de su director, pero para compensar cuenta una de las mejores escenas de pelea de la historia del cine. Una sangrienta, agónica, significativa y -por fin- veraz. Promesas del Este no se distancia de Cronenberg porque sólo alguien como él podría hacer algo así. Alejado de las vaginas dentadas abdominales supurantes, Cronenberg sigue, en Promesas del Este, fiel a su receta y a su arquetipo. Que no los confunda la ausencia de mutantes: Cronenberg persiste.
Nota al margen (con Spoiler): Puede ser culpa de Infernal Affairs, pero ¿no les parece que Promesas del Este clama a gritos primero por una precuela y luego por una secuela?
