Nombre: Holocausto caníbal
Categorías: Drama, Acción, Comedia, Terror, Suspenso, Aventura, Política, Basado en hechos reales
Director: Ruggero Deoddato
Año: 1980

Otras reseñas para esta película

Javier Moreno

Holocausto caníbal (1980)

Ars cinematografica summa

1.

Mónica se levanta temprano para irse a trabajar y mientras ella se alista (proceso que afortunadamente toma un buen rato), conversamos. Los temas de las conversaciones se adaptan a las obsesiones del día anterior y las pesadillas de la noche. Como Mónica asegura que ella no sueña, entonces dependemos sólo de mi memoria onirica. Casi siempre olvido mis pesadillas, pero me he convencido de que el rastro que dejan (y que soy incapaz de describir con precisión ya despierto) es suficiente para teñir levemente de surrealismo esas regulares conversaciones matutinas que me divierten tanto.

La conversación de esta mañana se inició con un recuento de las cosas sabidas sobre los hipopótamos (en la película Las nieves del Kilimanjaro, que vimos ayer antes de ir a domir, hay una escena con hipopótamos nadando muy bonita), y luego de pasar por las peculiaridades de su vida anfibia y su (imposible de filmar) nacimiento en el agua, nos centramos en los partos en general y de ahí saltamos al sonido que producen y que depende, concluimos, de dónde ocurren (si en el agua o en la tierra (o en los árboles)) y la altura de las patas traseras de la progenitora (el parto de una hiena suena menos que el de un pastor alemán, por ejemplo). Me acabo de dar cuenta de que nos restringimos injustamente a mamíferos que no nacen de huevos, dejando a un lado al queridísimo ornitorrinco, un gran amigo de esta casa. De haberlo tomado en cuenta, al Blup-Glup, el Blong-Tong y el Blong-Crach, habría sido necesario añadir un contundente Plog-Track. En cualquier caso, de ahí, con la misma naturalidad con la que un hipopótamo bebé surge de la vagina de su madre y procede a nadar buscando la superficie, nació una pregunta de índole biológico que sospecho inspirada por algo que Alejandro Sensei me dijo alguna vez.

Caminábamos por el jardín zen cerca del departamento de matemáticas, o tal vez departíamos en el dojo de juegos de rol instalado en la sala de Gabriel o en la mia, cuando el maestro nos confesó, alarmándonos de por vida, que tras diversas meditaciones (rezandole al viejito) había concluido que la especie humana no podía ser considerada parte del reino animal pues su desarrollo (debido a nuestro avanzado conocimiento de la genética y la práctica generalizada de la medicina) se había desligado, tal vez para siempre, de la lenta, descontrolada y apacible evolución natural.

Dado que Alejandro no es dado a ese tipo de confesiones, y siempre aseguraba que no estaba capacitado para responder a ninguna de nuestras siempre razonables dudas biológicas, este incidente me marcó de por vida y estoy seguro ahora que forzó la pregunta que cerró nuestra conversación de esta mañana. Como notarán, es completamente obvia dado el curso de la charla y los precedentes expuestos. La pregunta era: ¿Hasta que punto significará un retroceso evolutivo (lo que quiera que esto signifique) en la especie humana el hecho de que muchos de los partos condenados a fracasar de haber ocurrido de modo natural sean exitosos gracias a ayuda médica? Y Mónica, como buena bióloga, hizo cara de duda y se siguió vistiendo.

Supongo que si le pregunto a Fidel, su respuesta evidenciaría mi ignorancia rampante en el tema, así que por amor propio no lo hago. Mas bien sueño que la respuesta es afirmativa y que nuestra civilización de fetos muertos-vivientes (entre quienes honrosamente me incluyo) está condenada a su destrucción (en inglés dirían is doomed, que suena mucho más preciso). Voy aun mas lejos y en un arrebato de lucidez paranoica culpo a esa tasa de supervivencia artificialmente sobreinflada de todos los males que hoy nos aquejan. No sólo la superpoblación, sino nuestro egoismo, nuestra tendencia a la violencia y la destrucción, nuestro odio y desconfianza generalizados, nuestro miedo. Nuestra conciencia comunal nos advierte que somos tantos los que sobramos que hacemos todo lo posible por autodestruirnos. Como un buen humanista (momentaneo), disiento de la visión que propone Saramago en su Ensayo sobre la ceguera y añoro nuestra etapa primitiva, cuando sólo éramos nosotros, y crecíamos y nos desarrollábamos cooperativamente conformando federaciones socialistas felices y, en algún sentido, mejores. Al respecto, una tía mia hace poco comentaba lo siguiente en un e-mail a la movida lista familiar:

"Leí en El Tiempo que ayer cuando estaba jugando billar mataron a un muchacho Nilson García en Barranquilla. Según la compañera estaba estrenando bluyin y por la mañana había dicho "me matan y después se lo pone otro". ¡Así es la vida de terrible por aquí para muchísima gente! Bueno, a uno le parece terrible, pero tal vez a ellos no. La esperanza de vida en el paleolítico era de no mucho más de 25 años. La gente no tenía tiempo de deprimirse, estresarse por tesis, desarrollar cáncer, calvicie, angustiarse por el futuro de los hijos más allá de los 7 años... No tenían que pagar por gimnasios, viajes, visas. Jugaban deportes extremos todos los dias. No tenían colesterol ni triglicéridos. ¡Como Nilson García!"

Tal vez todo esto sea una locura, pero en ese caso al menos servirá para armar el argumento de un cuento de ciencia ficción, o incluso de terror.

2. 

Y así llegamos, por fin, a Holocausto Canibal, una película que me despierta gran cariño porque durante años fue mi norte cinematográfico. Con esto no quiero decir que esté entre mis intenciones hacer algo así (aunque tal vez sí), sino que, debido a mi infancia sobreprotegida, la posibilidad de verla estuvo vetada durante años y esa prohibición (seguida de la dificultad para encontrarla más tarde) la convirtió en uno de mis objetivos últimos en cuanto a cine se refiere. Sólo hasta bien en mis veinte tuve el placer y les aseguro que la espera valió la pena.

Como cualquier fanático les dirá, Holocausto Canibal es una película subvalorada. Viene perfecto al caso el comentario que Lem hace acerca de Moby Dick en algún artículo sobre las dos versiones cinematográficas de Solaris. Holocausto Canibal es un trabajo de una profundidad filo-antropo-sociológica inmensa que ha sido desdeñada por los críticos al clasificarla con miopía junto a Cannibal Ferox, Antropophagus, Cannibal terror y demás cine italiano de horror. La verdad es que el lugar perfecto para Holocausto Canibal sería junto a las más descarnadas (y brillantes) películas de Pier Paolo Passolini. Saló o Porcile, por ejemplo. Su proyección, además, debería ser de inclusión forzosa en cualquier ciclo de pedante "cine arte" que se respete y, con justicia, al menos se debería reconocer su caracter absolutamente pionero en el rico género de los documentales falsos de terror e incluso en el de los documentales falsos a secas (vergonzosamente, Wikipedia ni siquiera la tenía incluida en su lista de mockumentales, tuve que agregarla).

La pregunta fundamental que Holocausto Canibal nos propone es: ¿Cuál es el rango que nuestra civilización ostenta y que nos permite llamar salvajes a los que nos precedieron? La manera de desarrollar esta pregunta es a la vez inteligente y chocante. R. Deodato, el director, nos propone la existencia de unos carretes de cinta que son los únicos sobrevivientes de una expedición al guaviare colombiano emprendida por unos universitarios gringos que están interesados en las tribus canibales que habitan el area. La universidad de los jóvenes debe decidir si se hace público el material o no y para eso convocan a una reunión de profesores que verán las imágenes y discutirán qué hacer. La proyección de las perturbadoras películas es intercalada con escenas del viaje en el que fueron recuperadas. No está de más aclarar, como siempre, que esta película se grabó en 1977, casi veinte años antes de que Blair witch project (su mareadora versión light apta para todo público) fuera lanzada. En Estados Unidos, sin embargo, sólo fue estrenada en cine hasta el 2001.

Al apreciar las imágenes descubrimos que la suerte de los expedicionarios no fue casual. Su viaje fue una excusa para sacar lo peor de ellos y, en nombre de la civilización, intentar destruir, muriendo en el intento, los restos de una sociedad nómada que confrontan, de costumbres exóticas (que incluyen empalar a las adúlteras) pero, hasta donde se puede ver, no caníbales. Los viajeros, en nombre de todos nosotros, prenden fuego a un rancho lleno de nativos y sueltan bala a diestra y siniestra hasta que la munición se acaba. Una vez ahí, pasan de cazadores a presas. Justicia poética.

Hay comparaciones obvias con Apocalypsis Now y su inspiración, Heart of Darkness. Como dice Wikipedia en la entrada sobre la película, "la historia puede ser interpretada como un llamado de alerta acerca que hasta dónde el hombre puede llegar en la busca de fama y fortuna prometidas, o como un mucho más amplio comentario acerca de la violencia y el barbarismo perpetrado por sociedades tecnológicamente avanzadas en contra de otras que no se han desarrollado tanto." Al respecto de este comentario final, no está de más echarle un ojo a este ensayo sobre el choque entre musulmantes y "occidente".

Hay muchas cosas qué decir acerca de esta película. Una entrada entera se me iría en contarles la historia del compositor de la música incidental, el maestro Riz Ortolani, que se inició en el género del porno suave italiano y desde allí escaló hasta participar en la banda sonora de Kill Bill 2. Otra hablándoles de la leyenda del estreno mundial de la película en Bogotá, que terminó en tragedia; otra sobre sus records de taquilla en japón; otra más hablándoles de los mitos alrededor de su filmación (en particular la famosa escena perdida de las pirañas y la vaca); las controversias que causó; los juegos de autoreferencia y metacinematografía que propone; y una, tal vez mi favorita, sobre el papel que hace el colombianisimo Salvo Basile y el impulso que dió esta película a su carrera como actor en el país. Como tema, Cannibal Holocaust es inagotable. Consciente de la potencial infinitud de esta entrada, la dejo acá esperando regresar al tema algún otro día, aunque es probable que nunca lo haga. De cualquier modo, mi interés central, como les dije al principio, eran los partos de los hipopótamos en el agua y el sonido que producen, que no los confunda mi digresión.

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.