Nombre: Soplo de vida
Categorías: Drama, Cine colombiano
Director: Luis Ospina
Año: 1999

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Mauricio Reina * * ½

Soplo de vida (1999)

Un tipo rarísimo

Luis Ospina es un tipo rarísimo: es un cineasta colombiano. Y cuando hablo de cineasta no me refiero a alguien que haya rodado una película de cine. Aunque usted no lo crea, por fortuna de esos hay varios: en los últimos cinco años, por ejemplo, quince directores han podido llevar sus sueños al celuloide gracias a su empeño y audacia, y a una gran dosis de optimismo que a veces se confunde con la ingenuidad.

Me refiero a cineasta en el sentido que nos señala el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: “Persona relevante como director, productor, actor, etc. en el mundo del cine.” En otras palabras, Luis Ospina es una persona que ha dedicado su vida al cine en un país en el que no hay industria cinematográfica. Lo dicho: un tipo rarísimo. En 32 años dedicados al cine ha hecho de todo. Además de haber fundado con Andrés Caicedo la legendaria revista Ojo al cine, y de haber sido profesor de cine en la Universidad del Valle, Ospina tiene una vasta cosecha como realizador: 9 cortometrajes en cine, 5 más en video y 10 documentales. 

¿Y cuántas películas ha hecho este hombre que ha dedicado su vida al cine? Solamente dos. La primera la rodó hace 18 años y se llamó Pura Sangre. Algunos colombianos la vieron, entre ellos un puñado de adolescentes que observábamos con mucha admiración y algo de indulgencia los esfuerzos de Ospina de hacer una película de vampiros en el trópico. Pero muchos otros no la vieron. Por eso la deuda que le dejó su primera película fue tan grande que Ospina se vio obligado a fundar una agremiación fantasma denominada Sincinco (Sindicato de Cineastas Colombianos) y a postergar indefinidamente su sueño de hacer un nuevo largometraje.

Pero como no hay plazo que no se cumpla, casi dos décadas más tarde nos llega su segundo largometraje: Soplo de vida. Se trata de una película concebida dentro de la tradición del cine negro, que gira en torno al asesinato de una joven (Flora Martínez) en un hotel de mala muerte. A medida que avanza en la investigación de los hechos, un detective (Fernando Solórzano) descubre que la joven ha tenido relaciones con un boxeador fracasado, un vendedor de lotería ciego, un torero y un político corrupto. Gracias a su olfato el detective termina enfrentado a un hallazgo doble: no sólo encuentra al asesino de la joven, sino que además descubre que él mismo está profundamente ligado a la trágica historia.

Soplo de vida tiene muchas virtudes, en las que se nota la mano de un director que sabe de cine. Los encuadres son cuidadosos y eficaces. La ambientación es impecable y la exploración de los espacios arquitectónicos es sobresaliente. El trabajo del elenco es profesional y denota un profundo trabajo de dirección de actores. Además abundan los homenajes a películas de cine negro y a clásicos filmes mexicanos. Incluso Ospina se da el gusto de hacerse un homenaje a sí mismo, al aparecer como espectador en una sala de cine en la que se proyecta Pura Sangre, su primera película.

Pero infortunadamente Soplo de vida tiene un inmenso lunar que echa a perder lo que habría podido ser una película memorable: el guión es errático y confuso, y hace que por momentos la cinta se vuelva aburridora. Si bien es cierto que las películas de cine negro se distinguen por la complejidad de su estructura, es evidente que en esta película sobran muchas escenas intrascendentes y varios personajes irrelevantes.

Ojalá que Soplo de vida no le deje deudas a Luis Ospina, para que en un futuro cercano pueda volver a volcar su talento como director con una historia más sólida y cautivante.

Publicado en la revista Cambio. ©Casa Editorial El Tiempo - Todos los derechos reservados