Nombre: El laberinto del fauno
Categorías: Drama, Aventura, Fantasía
Director: Guillermo del Toro
Año: 2006

Otras reseñas para esta película

Martín Franco * * * *
Juliana González * * * *
Javier Moreno * * * *
Mauricio Reina * * * ½

El laberinto del fauno (2006)

El laberinto del Fauno

Al principio, (bueno, no tan al principio, pasada más de la mitad de la película), yo seguía ratificándome en que no me gustan mucho los cuentos de hadas. No, lo cierto es que no me atraían ni siquiera de niña, cuando por encima de los historias de los hermanos Grimm yo prefería relatos como El cuento de Navidad, el de la lechera, Los viajes de Gulliver e incluso –me sorprendo ahora al recordarlo– disfrutaba más las parábolas del Nuevo Testamento que me contaban en clase de religión (el sembrador, la pesca milagrosa, el hijo pródigo). Pero en fin, ese ya es otro tema.

Pasada más de la mitad de la película, yo seguía pensando que no me gustan los cuentos de hadas, y hasta ese momento, minuto 75, más o menos, yo andaba más pendiente de la trama sobre la guerra civil española y las barbaridades del franquista Capital Vidal que de las aventuras de la pequeña Ofelia pintando puertas mágicas con tiza en las paredes, siguiendo hadas hasta el laberinto donde vive un fauno milenario y poniendo mandrágoras bajo la cama de su madre para curarla de los dolores del parto.

Pero una vez comienza la tensión y el filme alcanza el clímax, cuando parece que Ofelia no podrá alcanzar el objetivo de regresar a su mítico reino, cuando uno siente que la cinta se hundirá con la victoria del ejército franquista sobre los republicanos, cuando una muerte nos confronta a los espectadores con “el vacío físico que dejan los muertos, el que nos recuerda su peso en el alma”, comencé a cambiar de opinión y a emocionarme con la fantasía que se teje delicada y paralela a la realidad, a manera de metáfora.

No sigo porque voy a terminar contando la película. Pero diré que lo que me gusta de lo que pasa después es la intervención de la magia como analogía de la justicia.

Al comienzo del filme, un narrador en off, típico de los cuentos de hadas, se remonta a los tiempos ancestrales en los que convivían en el bosque, en armonía, los hombres, los animales y las criaturas mágicas, recreando con esto, el guionista y director Guillermo del Toro, una hermosa metáfora que me recuerda la utopía de un mundo sin guerra, sin hambre, en el que la violencia no mata a los niños, ni condena a los justos; en el que no estamos divididos entre buenos y malos, entre todo un océano de etiquetas.

Y esto me hace pensar que lo que me gusta de esta película, como ya lo intuía en mi niñez, no es la arquetípica fantasía de los cuentos de hadas sino, más bien, la metáfora que ésta envuelve y su posterior resultado. Lo que me atrae, ahora que me detengo a pensarlo, no son los seres imaginarios sino sus conquistas, compuestas a su vez de pequeñas derrotas. Sí, sí, y ahora entiendo que todo esto podría resumirlo en que lo que prefiero son finales alegóricos, no necesariamente felices. Tal como sucede en las parábolas bíblicas.

De: http://dizquierdaaderecha.blogspot.com

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