Nombre: Kill Bill vol. 2
Categorías: Acción, Western, Artes marciales, Crimen
Director: Quentin Tarantino
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Luis Fernando Afanador Perez * * * ½

Kill Bill vol. 2 (2004)

En Kill Bill (Vol. 1) me había parecido que Tarantino se imitaba a sí mismo. De ahí, una película estéticamente bien hecha pero poco conmovedora. No tenía ningún interés en ver la segunda parte. De hecho, no la hubiera visto si, dispuesto a ver una película con mi hijo de 12 años, Kill Bill no hubiera surgido como la única opción de cartelera.

¡Qué grata sorpresa! Qué increíble que una película pueda mejorar de esa manera en la segunda parte. Desde el comienzo, desde esos primeros planos en blanco y negro que enfocan a Uma Thurman, ya se anuncia otra cosa: habrá una protagonista de verdad, una mujer con sentimientos y no, como en la primera parte, una maquinita matando enemigos en fila de una manera predecible y monótona (aunque no carente de belleza: ciertas escenas de peleas eran hermosas coreografías).

Por fortuna, Tarantino se decidió a amar a Uma Thurman en la segunda parte y ella le responde a la altura. Amor cinematográfico, se entiende (el otro no nos interesa). Ha hecho una película para homenajearla, para exaltar su belleza todo el tiempo y el espectador ha sido el ganador: llegue a quererla o no, ella se vuelve convincente, y por lo tanto, su historia: su venganza, sus lágrimas, sus peleas, sus odios. Y, también, los otros personajes: la tuerta, el patético hermano calavera, el mismísimo Bill y su padre (inolvidable), el maestro de Kung-fu, la linda hijita. Más personajes queribles, más diálogos y menos peleas (y las pocas, como la de la tuerta: memorables). Ante una historia eficaz, vuelve a fluir y a gustarnos otra vez el mundo Tarantino hecho de humor, cinismo, violencia paródica, devoción a los comics y a los superhéroes y, por supuesto, de buena música (la banda sonora es excelente).

Incluso, podría decirse, que con esta película, Tarantino parece estar subviertiendo un poco su estética de la violencia intrascendente. Beatrix Kiddo (Uma Thurman)  finalmente mata a Bill no sólo por venganza sino porque éste (encarnación del ser asesino) era el que impedía reencontrarse con la nueva vida sin mal y sin destrucción que había surgido en ella a partir de su embarazo. Toda una novedad en sus personajes: crítica y autorreflexión. ¿Acaso, será este el fin del personaje tarantiniano? No lo sabemos. Pero, en la última imagen de la película, Uma Thurman, quien va conduciendo su auto sonriente, se queda mirando a la cámara y nos guiña un ojo: tal vez quiere decirnos sutilmente que se dirige hacia una nueva vida.

 

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