Nombre: El sabor de la cereza
Categorías: Drama, Road movie
Director: Abbas Kiarostami
Año: 1997

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * * *

El sabor de la cereza (1997)

Hay un hombre de cuarenta años conduciendo un Range Rover del que casi nunca desciende. Busca a alguien, pues necesita que lo ayuden en una tarea que no puede realizar sin asistencia. Al cabo de la cinta se nos revela su secreto, sin conjurar las explicaciones insinuadas a lo largo del guión.

Hay un hombre de cuarenta años manejando un Range Rover por las afueras de Teherán, en los años noventa, en todo caso después de la revolución islámica. Viste de manera informal, pero no cabe duda de que pertenece a una clase social acomodada. Sus facciones son nobles y su frente tiene algo de inapelable. Su voz es segura, pero en sus palabras hay prisa: el ansia de llegar a alguna parte.

Hay un hombre de cuarenta años manejando un Range Rover que se detiene a recoger o abordar a tres hombres: un soldado, un estudiante de teología, un empleado de un museo; uno es kurdo, otro afgano, y el tercero turco.

¿Es importante que el auto sea un Range Rover? Sí, es capital, como lo habría sido pasearse en Cadillac por las calles de Moscú en 1965. Es una señal de que el protagonista es una mosca en leche, o lo que es lo mismo: una mariposa en la mierda.

¿Es importante que las personas abordadas no sean iraníes? Sí, también es central. Como en Cuba (o Colombia), allí el extranjero es similar a lo que los marcianos son para los europeos: unos entes amenazantes pero atractivos, probablemente la última esperanza, así sea para acabar con el universo de una buena vez por todas (Borges dixit).

¿Es importante tratar de ver esta película cueste lo que cueste? Sí. No sólo porque se haya ganado la Palma del Festival de Cannes en 1997. Tampoco porque Abbas Kiarostami sea el autor iraní más apreciado de los últimos tiempos. Pienso que hay que empecinarse en verla para saber en qué consiste el sabor de la cereza. A mi juicio se trata de la vida. La penúltima escena, en la que el sol se pone, respalda mi interpretación. Pero eso es muy discutible.

Probablemente estoy dando palazos de ciego. Pero me permito concluir que ante una obra tan densamente poblada por símbolos que nos son ajenos, esa es la única manera de avanzar.

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.