Nombre: El abogado del terror
Categorías: Documental
Director: Barbet Schroeder
Año: 2007

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Pedro Felipe * * *

El abogado del terror (2007)

El abogado del terror es Jaques Vergès y esta película es un documental sobre su biografía personal y profesional. Sin ser una celebridad, este “abogado del diablo” es en Francia una figura pública recordada por haber luchado por causas actualmente aceptadas como nobles —su defensa de Djamila Bouhired, la Che Guevara de Argelia— pero también por haber defendido a acusados que la historia no ha absuelto en lo más mínimo, como Slobodan Milošević (de manera informal, pues el ex presidente serbio nunca lo reconoció como su abogado), el terrorista Carlos y nadie más y nadie menos que el ex nazi Klaus Barbie.

No cabe duda de que Vergès es una persona fuera de lo común. Encantador de serpientes y de jurados, sobrio y calculador, atractivo a los ochenta y dos años, muy buen orador, autor de varios libros y sobre todo un gran provocador, nuestro hombre es un acusador de la justicia humana. ¿Con o sin razón? Sea cual sea la respuesta a la cuestión, hay que resaltar que el mundo de Vergès es muy diferente del de Dobeliú, ya que desde su perspectiva el terrorismo no es una odiosa pústula que aparece sin más en la virginal superficie de la civilización, y los jueces encargados de juzgar los actos terroristas no son seres incontaminados que imparten justicia desde un tribunal situado en la burbuja del Derecho.

En el caso de Klaus Barbie —por ser un personaje tan atroz— su explicación invita a reflexionar, y es mejor hacerlo antes de que su excelente retórica nos convenza con su manera de mover las manos. Su argumento puede expresarse mediante la siguiente pregunta: ¿Con qué derecho la justicia de un país como Francia, que ha cometido —pero no reconocido (en 1987)— graves crímenes contra la humanidad (la colonización y en particular la Guerra de Argelia), se permite juzgar a un hombre por haber participado en hechos atroces en los que, más grave aún, su Estado participó con una escalofriante eficiencia, enviando sin ruborizarse trenes a Auschwitz?

Para entender mejor la aversión de este abogado por el poder público es necesario agregar a su lista de característica el haber nacido en la Indochina francesa y el hecho de presentarse como colonizado y no como colonizador, una tarea que el documental cumple al mostrar dicientes fragmentos de la entrevista realizada a un periodista especializado en la vida de nuestro conspicuo abogado.

Sin embargo, sean cuales sean los argumentos históricos esgrimidos a la hora de defender a personas que hasta sus madres condenarían, Vergès sabe muy bien que el derecho está de su lado: hasta el Anticristo tiene derecho a una buena defensa, pues de lo contrario el proceso se convierte en linchamiento y la idea de la justicia se va por el inodoro, algo que dicho sea de paso sucede con mucha frecuencia.

Ahora bien, ¿cuál es el papel de un documental ante su personaje? A mi juicio consiste en plantearle todas las preguntas que su historia requiera, y si el susodicho no se presta a responderlas, ir a buscar la esquiva verdad allí donde se encuentre. En el caso de los rumores según los cuales Vergès pasó casi una década en Camboya, Schroeder hizo bien una parte de su tarea, pues se desplazó a las selvas camboyanas para entrevistar al segundo hombre al mando de los Jémeres Rojos (el cual acaba de ser detenido después de varios lustros por las autoridades internacionales, probablemente por evasión de impuestos...), aunquepor desgracia no hizo lo mismo con los otros lugares-candidato como Cuba, Palestina, URSS, China, Vietnam, Laos, Sudáfrica o Alemania Democrática...

Esa suele ser la norma: Schroeder respeta el desagradable silencio de su entrevistado. Y uno no puede dejar de preguntarse qué sucedió con Carlos, quien afirma telefónicamente desde la cárcel que Vergès es una basura; o cómo justifica "el abogado del terror" haber abandonado a su mujer (nadie más y nadie menos que su ex clienta Djamila Bouhired) para perderse quién sabe dónde durante ocho años; o si trabajó —sí o no— para la RDA; o por qué participó en una reunión de la extrema derecha serbia en la que se invita a "no entregar Kosovo"; o cuánto dinero ha recibido gracias a sus defensas (según los rumores mucho, y eso en principio no está mal; ¿pero cuánto exactamente?); o en fin, en qué diablos consistió su relación con el ex nazi François Genoud.

Después de La virgen de los sicarios Schroeder ha vuelto a aceptar un desafío cinematográfico como lo es trazar la biografía de una persona viva, y eso está muy bien. Lo que está mal es a que haya caído en la tentación de simpatizar con su objeto de estudio, pues en vez de delinear un retrato agudo y complejo el director ha preferido respetar la búsqueda de invulnerabilidad de Vergès, rozando en varias ocasiones la propaganda, pues a mi juicio no basta con considerar las voces disidentes sino que hay que confrontar al actor principal. Pero entonces no habría película... (Afortunadamente, en cuanto comentarista, ese no es mi problema).


Nota: El sitio bilingüe de la cinta es muy instructivo.

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