Nombre: Insomnia
Categorías: Suspenso
Director: Erik Skjoldbjærg
Año: 2007

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Juan Camilo Acevedo

Insomnia (2007)

Insomnia (1997), la versión original noruega, es un raro ejemplo de un film noir actual. Digo raro porque si bien ha habido muchos intentos como “Chinatown” de Polanski, “Le Samouraï” de Melville, “Tirez sur le pianiste” de Truffaut o "The man who wasn't there" de los hermanos Cohen, estos nunca han logrado ser más que copias del film noir del Hollywood de los cuarenta, copias de las tramas, de los personajes, acaso de la estética, pero nunca han logrado ser más que reproducciones de patrones. Pues bien,  Skjoldbjærg logra hacer un film noir, demostrando de paso en qué fallaron sus antecesores. El director noruego hace un noir subvirtiendo justamente todas las estructuras formales  que los otros habían intentado copiar. Se necesita por supuesto un profundo conocimiento en las películas del cine negro norteamericano para lograr lo que Skjoldbjærg, conocimiento que Christopher Nolan no tiene por lo cual omite  el punto fundamental de “Insomnia” poniendo el énfasis en el suspenso y en la psicología del personaje, haciendo de su versión una mala copia.

En Insomnia el detective Jonas Engström (Stellan Skarsgård) investiga el asesinato de una adolescente noruega. Engström es un tough guy, pero uno enfermo, es, como lo fue Bogart en su momento: un tipo de cuarenta años, venido a menos, solitario y lacónico, de rudos modales. Pero contrario al héroe noir por excelencia, y es acá donde reside su enfermedad, Engström no es capaz de tomarse su whisky así quiera, no puede tener sexo con la chica así quiera y no puede resolver totalmente el crimen, así quiera. Acá la femme fatale es una joven de quince años que huye de Engström el cuál apenas si la toca. Pero la subversión de la figura del detective negro va más allá, en “Insomnia” el detective es a su vez un asesino (nada nuevo en que los detectives del film noir maten, pero sí que lo escondan y se salgan con la suya), y no de cualquier persona, es el asesino de su compañero, violando la única regla moral del cine negro: no asesinarás a un policía, menos a tu compañero.

El filme de Skjoldbjærg enferma a su héroe, pero no por ello deja de ser un noir.  De hecho es en esa subversión donde reside el elemento noir de Insomnia. El cine negro del Hollywood de los cuarenta basaba su estética y sus historias en la amoralidad de la sociedad norteamericana. Era como la versión enfermiza del Hollywood de los treinta, del gran Hollywood, en el film noir todo era sucio, todo era malsano, todo era, por decirlo de algún modo, la versión distorsionada (por ello más real) del cine norteamericano anterior, del cine del studio era. Basaba su estética en subvertir el paradigma clásico, por ello el uso del low-keylighting contrario al high-keylighting clásico, por ello sus películas eran hechas en las sombras, fuera de foco, incumpliendo las reglas de filmación de los grandes estudios. El film noir era amoral hasta en la forma de filmar. Es por ello que el gesto Skjoldbjærg de subvertir la figura del detective es un gesto típico del cine negro, acaso el único posible para hacer actualmente un film noir.  Además hay que tener en cuenta que, como ya se ha dicho, Engström asesina a su compañero, lo esconde y se sale con la suya, Skjoldbjærg pone el énfasis en la amoralidad y es allí donde triunfa.

Pero la cosa no queda allí, cuando el cine negro fue caracterizado por los franceses, estos siempre afirmaron que era un cine que basaba su forma de narrar en lo onírico, en el sueño, cierto, el uso del flashback era una prueba constante de ello. El filme de Skjoldbjærg se llama Insomnia.  Engström no puede dormir, no hay “sueño eterno” para el detective. Todo a su alrededor es luz, la película vive en la luz, sólo en la habitación de Engström hay sombra. El tough guy sueco tapa la ventana con una sabana rota que permite la entrada de un único rayo de luz. Es el ambiente típico del noir. Véase “Double Indmenity”, “D.O.A”, “The Big Sleep”, “Detour”, en realidad cualquier exponente del cine negro de los cuarenta o cincuenta y se encontrará siempre al protagonista entre las sombras iluminado por un único rayo de luz. En una ambiente así es en el único en que Engström intenta dormir, en el resto, donde hay luz, se le ve ajeno, extraño.

Por último, es importante resaltar la figura del asesino, del asesino de la chica. Es un escritor de novela detectivesca, una figura recurrente en el film noir, quizás la creadora. Sólo que en “Insomnia” el escritor no soluciona el caso, él es el criminal.  Skjoldbjærg logra así una profunda reflexión sobre lo negro y un filme que como el buen cine de crimen no suelta al espectador sino hasta el final, y que como el buen noir termina con una muerte en una secuencia magníficamente lograda. 

Quizá el mejor resumen de la película sea la escena en la que Engström besa a la recepcionista del hotel, intenta seducirla sin conseguirlo, un escena de un erotismo fallido lograda por un inteligente manejo de cámara y una actuación sólida de Stellan Skarsgård, quien crea un Engström flemático pero sudoroso, en crisis y que no logra, por más que lo intente, terminar su whisky.

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