Nombre: En busca de la felicidad
Categorías: Drama, Basado en hechos reales, Biográfica, Familiar
Director: Gabrielle Muccino
País: Espa
Año: 2006

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Martín Franco *

En busca de la felicidad (2006)

Confieso que no había visto esta película antes por culpa de Will Smith. Ya había tenido suficiente con Yo, Robot y Día de independencia –donde el mismísimo presidente de los Estados Unidos se monta en un avión para salvar a la raza humana de su exterminio–, como para creer que el viejo Will iba a poder redimir en algo su bien ganada reputación de ‘chico duro’. Y peor aún: había tenido que aguantar dos veces (sí, dos veces) sus travesuras de policía de Miami en Bad Boys mientras viajaba en un bus desde Bogotá a paisalandia. ¿Puede haber una peor tortura que pasar por el páramo de Letras mientras escuchas a Smith y Lawrence descargar una y otra vez el cartucho de sus pistolas? Lo dudo.

Así que era por culpa de Will que no me atrevía a alquilar En busca de la felicidad. Siempre la veía ahí, en la tienda de video, y me quedaba mirando la carátula del 'bad boy' vestido de corbata agarrando de la mano a un niñito lo más de tierno. Pero no: apenas me llegaba a la memoria la imagen del vaquero en Wild wild west, me decidía por otra. Hasta que el pasado domingo por la tarde –tarán, tarán– decidí que ya era hora de dejar a un lado mis prejuicios y la alquilé.

¿Qué puedo decir? Primero, que la película está “basada en una historia real”, y ese famoso rótulo es, de entrada, una especie de imán para garantizar el éxito. Y más si se tiene en cuenta que la trama es una bonita historia de superación de un tipo que no tiene un peso y luego se vuelve millonario. Sería injusto negar que la cinta tiene escenas conmovedoras, pero no tanto como para aguar el ojo (¿O será que me he vuelto muy insensible?). En cualquier caso, el gran problema que yo le veo es que el concepto de felicidad está un tanto desenfocado. ¿Por qué? Sencillo: la tal felicidad se reduce al hecho de no tener un peso a volverse rico. Es decir: al dinero, la plata, la lana, la fortuna, la riqueza o como quieran llamarlo.

O al menos eso es lo que a uno le queda: que Chris Gardner sólo pudo ser feliz cuando encontró trabajo y logró tener plata. Bueno, sí, no se puede negar que el dinero es un elemento importante (Woody Allen dice que “no da la felicidad pero procura una sensación tan parecida que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”), pero a riesgo de sonar como viejo cliché hay que decir que ‘no lo es todo’. Y eso no lo muestra la cinta. Como tampoco muestra que quizás la verdadera felicidad radica en los momentos que, estando jodido, Gardner pudo abrazar a su hijo en la iglesia, o se tomó la tarde para llevarlo a la playa, o le inventó que la estación del metro era una cueva para protegerse de los dinosaurios. Eso es la felicidad –o eso creo yo–: los pequeños instantes. No el dinero.

¿Qué más se puede decir? Que no es una película ni buena ni mala, sino una más. Es bonita, por ejemplo, para verla una tarde de domingo en casa de una tía con los abuelos, los primos y el perro. En ese escenario, seguro, más de uno dirá que “deja una hermosa enseñanza”. Claro que teniendo en cuenta las demás películas del señor Smith, no hay duda de que su nominación al Óscar por este papel es más que merecida. Digo, ya estuvo bien de pistolas, ¿no, Will?

 

Ver Matamoscas, blog de Martín Franco. 

 

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