Nombre: Escondido
Categorías: Drama, Policiaca, Política, Misterio
Director: Michael Haneke
País: Francia
Año: 2005

Otras reseñas para esta película

Mauricio Reina * * * ½
María José Roldán Pardo * * * *

Escondido (2005)

La familia compuesta por Georges (Daniel Auteuil), Anne (Julitte Binoche) y Pierrot (Lester Makedonsky) aparentemente lo tiene todo resuelto. El padre es un exitoso presentador de televisión en un programa de reseñas literarias, la madre es editora de libros y ama de casa y el único hijo tiene doce años y asiste como cualquier adolescente al colegio. Todo se ajusta a los parámetros ideales de una familia de clase media alta francesa. 

Pero, de pronto, de la nada, sin explicación, empiezan a llegar videos caseros acompañados de infantiles y perturbadores dibujos que evidencian que alguien los está observando y que los conoce muy bien. La fría armonía se quiebra y el miedo irrumpe.

Recuerdos de la niñez de Georges que estaban sepultados regresan con una carga de culpa arrolladora, esa que acompaña los conflictos no resueltos. Y en ese preciso momento empieza la debacle. Georges de la mano de la arrogancia y de los temores intactos, da bandazos, amenaza, acusa, maltrata, es incapaz de un gesto, de una conversación.

Escondido es silenciosa, tiene planos largos que se toman su tiempo, no siempre se sabe si vemos el transcurrir de la vida cotidiana de los protagonistas o los videos que llegan a descompensar la vida familiar, unas y otras escenas son similares. La amenaza no viene del exterior, lo que realmente perturba es ver lo propio. 

La minuciosa construcción de “correctas” certezas, la anhelada y a veces vergonzosa tranquilidad, la vida de pareja distante y aséptica y los protocolos familiares no siempre aguantan la presión. A Georges y Anne les llegó con los videos la hora de la verdad: apareció una debilidad de base, una desconfianza profunda y la carga de lo inconfesable que aísla y amordaza. 

Películas como esta, nos recuerdan que las sociedades occidentales donde el éxito es la única consigna, deshumanizan y no dejan espacios ni momentos para la catarsis, para confesar lo inconfesable y para conocer realmente a las personas con las que nos relacionamos, así duerman en nuestra cama. 

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