Nombre: Infiltrados
Categorías: Drama, Acción, Suspenso, Policiaca, Crimen, Remake
Director: Martin Scorsese
País: Estados Unidos
Año: 2006

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * * *
Pablo Muñoz * *
Mauricio Reina * * * ½

Infiltrados (2006)

Let it Loose

Aquí no van a oír el cantar aquél del remake, la secuela y otros cánceres del cine actual. Puede que la protesta se dirija al remake sin alma, la secuela gris y prefabricada y demás. Pero yo amo el remake, es de hecho, una oportunidad única para rehacer las historias a gusto de uno. En el mundo de los videojuegos, la gran cantidad de remakes, de ports, de actualizaciones, está asumida con una naturalidad envidiable, en ese aspecto.

El remake de la excelente Infernal Affairs es tan satisfactorio como decepcionante. Por un lado Martin Scorsese, tiene su Oscar y esta película no está mal dirigida. No es aburrida, ya saben. Por el otro la aportación de la versión americana no es demasiado necesaria. Scorsese es un gran remakeador: él supo convertir su Cabo del Miedo en una odisea de horror, thriller y culpa como en sus colaboraciones con Schrader. Y el voluntarioso italoamericano ha querido convertir un film sutil, en una brutal historias de malas calles y mafias, lo que se le da bien. Pero Scorsese jamás manejó bien los hilos del thriller sutil, del suspense extremo, algo que encaja más con el universo de Michael Mann, capaz de enfrentar a dos personajes antagónicos en una geografía urbana de una forma casi infalible (puede que su experimento fallido Miami Vice sea la excepción que confirme la regla). Ahí es dónde Infiltrados decepciona: pocas secuencias son tan patéticas como la muerte de Nicholson en la arena, o pocas cosas tan innecesarias como el personaje melodramático de Vera Farmiga, muy poco explotado como crimen de carácter pasional. Y en sus mejores momentos, Infiltrados no es una película de Scorsese sino un Como sería Infernal Affairs dirigida por Scorsese...

Martin Scorsese no es un clónico. Para bien y para mal. El equivocado no creo que sea Monahan sino él: no supo nunca imponerse a la historia, sino tratar de reseguirla sin cambiar demasiado. La única secuencia en la que el director me pareció cómodo fue cuando Frank Costello le habla a Billy Costigan de los ocios de los sacerdotes. Y ya el cambio que realiza es bastante significativo por erróneo, a pesar de valiente: la incorporación de Sean Dignam (Mark Wahlberg), un personaje excelente con una función poco acorde con la historia, quiere funcionar como figura redentora de lo que es una historia sobre identidades líquidas y morales intercambiables. Sin moraleja, por áspera y elaborada que ésta fuera en el original era moraleja al fin y al caob, no hay fábula. Queda otra cosa: espectacular, interesante, sí. Pero Martin ha dado al relato y retrato mafioso más vigor y energía en ocasiones anteriores.

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