Nombre: Duro de matar 4.0
Categorías: Acción, Comedia, Ciencia Ficción, Policiaca, Artes marciales, Guerra
Director: Len Wiseman
País: Estados Unidos
Año: 2007

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Javier Moreno * * * *
Pablo Muñoz * * *

Duro de matar 4.0 (2007)

Old Habits Die Hard

Al cine se va a sentir, no a entender.

TSUI HARK  

El superhéroe fue siempre mutante. No importa qué su modelo canónico llevara mallas porqué antes estuvo en el folletín francés y luego disfrazado de espía inglés. Lo que sabemos del superhéroe es que nunca muere, o muere con dignidad, o muere pare regresar (deconstrucciones aparte). El público para el que no está destinado Live Free or Die Hard (estupendo título pop a costa del síndrome post11S) es el que cuenta los misiles y exclama incrédulo: "esto no es posible, un avión no puede meterse en un túnel". Puede que sea el mismo que viendo Planet Terror diga que: "esto no es posible, ¿Cómo puede disparar con su pierna sin apretar el gatillo?". Espectadores de cine anecdótico, cretinos criados en la verosimilitud o algo relacionado con la física, pero no con el cine.

En realidad, la película debería titularse Old Habits Die Hard, pero ya está bien que suenen los Creedence y no la canción de Mick Jagger. El regreso de John McClane, es el regreso del policía que se equiparó desde su segunda entrega al espíritu de Indiana Jones o James Bond, el regreso de un icono generacional. Bruce Willis es superhéroe por obligación, igual que Len Wiseman (el director de la saga para neogóticos que escuchan bakala que era Underworld) esta vez, es un buen artesano por obligación. Y al primero, productor y controlador del segundo, le ha salido la jugada redonda.

Cuando vemos a Lucy, retoña del tipo duro, crecida y con el rostro de Mary Elizabeth Winstead (la bella cheerleader de Death Proof) y ella suelta aquello de No es McClane, es Gennaro. Entonces, justo entonces, lo sabemos. Estamos ante una aventura más de McClane que a pesar de no fumar, los dobladores le añadieron las palabras malsonantes que le faltaron en su mojigata versión original. McClane no ha encontrado un malo de altura (es cierto, Olyphant tiene un personaje muy olvidable), ni un secundario de altura (la aparición de Kevin Smith tiene más de anecdótica que de relevante o clara) pero no importa: la estrella es él. Contra helicópteros, camiones, luchadores orientales, cazas... McClane, cada vez más jodido, podrá con todo. Y el espectador regreserá aturdido por los sentidos, cómplice del policía más escéptico ante la avalancha de situaciones imposibles. Y sobretodo: si ésta es una despedida, es inolvidable.

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