Nombre: Pequeña Miss Sunshine
Categorías: Drama, Comedia
Director: Valerie Faris
Año: 2006

Otras reseñas para esta película

Pedro Felipe * * *
Martín Franco * * * *
Pablo Muñoz * ½

Pequeña Miss Sunshine (2006)

Con suma diligencia

La Diligencia de John Ford era, más que un western, un profundo estado de ánimo acerca de la situación de un país: con una metáfora tan mundana como lograda, transmitía el mensaje de una película que simbolizara la unión necesaria y la solidaridad para tirar de un carro y levantar un país tras el desmoronamiento llamado Gran Depresión (tal vez el nombre más exacto de un hecho en nuestra Historia).  Tal vez, en tiempos de Bush, los debutantes Jonathan Dayton y Valerie Faris, crean que una família disfuncional tirando de una furgoneta amarilla, sea la mejor manera de simbolizar una América invasora y llena de divisiones y subdivisiones interiores.

La poética del fracaso no es ajena a la cultura norteamericana: sin ir más lejos, desde Ernest Hemingway, pasando por Raymond Carver, hasta llegar a Lorrie Moore han trazado un retrato perfecto de los perdedores generados por una Sociedad de Sueños Sin Retorno (cuya configración trazó perfectamente Fitzgerald). Y Little Miss Sunshine no busca su propia voz: hace más accesible la de otros, y la despoja, la llena de una humanidad, que en realidad es lugar común (esperen un par de años y ya lo verán más evidente). Dayton y Faris saquean el minimalismo escénico y el humor desfigurado de Wes Anderson, incluso la subtrama del suicida frustrado por un sueño roto: todo ello en un entorno de sencillez, no sea que el público se despiste y la película no gane sus Oscars.

 Y tal que así: la película gustó al gran público y se convirtió en el sleeper más premeditado de los últimos años. Una película indie rodada para el público mayor, con la coartada de fingirse independiente y distinta, despoja a Anderson de su voz trabajada en su universo pop y salingeriano, y se convierte en algo fácilmente emotivo. Yo no dudo de la intención de su guionista, pero sí de la brillantez de sus directores, de lo dudoso de su puesta en escena y de la escasitud de ideas destinadas a remover más que a conmover. Lo más cerca de ello está en ese baile final, deudor de la poética de Napoleon Dynamite, que se pretende desenlace simbólico de una obra de acidez calmada por un molesto realismo emotivo.