Nombre: King Kong
Categorías: Acción
Director: Peter Jackson
País: Estados Unidos
Año: 2005

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Pablo Muñoz ½
Mauricio Reina * * * *

King Kong (2005)

Donkey Jackson

King Kong (1932) era una demostración de sense of wonder nunca superada: en medio de su metraje aparecían duelos entre nuestro gran Jefe Gorila y sus compañeros dinosaurios, y a un final inolvidable se le añadía una historia de amor, unidireccional, casi voyeurística y completamente animal.

Peter Jackson tiene mucho de animal, de mastodóntico, pero también de grandilocuente. James Cameron sufrió su mutación en Titanic y Jackson en la trilogía del anillo que elevó la condición de vulgar freak a la de gran director con sentido del espectáculo. Su visión de King Kong no tiene gore y es mucho más anticuada que la original. Y lo que es peor: al escándalo de la repetición de la historia, paso por paso y en versión incomprensiblemente extendida, se le añaden metáforas para tontos. Pero al parecer irrita más una metáfora obvia de un director que quiere hacerse el listo, que no una metáfora obvia de un director así de poco sutil. Para mí está claro que es la misma carencia: no por decir JOSEPH CONRAD o HISTORIA DE AMOR o LA BELLA Y LA BESTIA va a ser una película más buena, ni llena de discurso (caso opuesto al de la moraleja que abría y terminaba la original, era poco menos que una declaración de intenciones con un tono parecido al de las fábulas.  Jackson carece de la garra y diversión con la que Spielberg rueda sus espectáculos: la primera aparición de King Kong es la versión explícita y aumentada de la suspensiva y espectacular primera vez del T-Rex en Jurassic Park. Peter Jackson quiere tejer un discurso propio y épico, hollywoodiense, queriendo olvidar así su pasado en las cloacas del sistema: King Kong está en las antípodas (no de presupuesto precisamente, sino morales) del espíritu cítrico y frenético de los Feebles o Braindead.

Pero, no me malinterpreten, no soy yo un detractor de los excesos sino de las formas, manidas, kitsch, sin átomo de vida cinematográfica. Puede que ver tres horas de espectáculo de subrayado vergonzosamente evidente (y volvemos a ORSON WELLES-JACK BLACK, el PARALELISMO DENHAM-PETER JACKSON) les resulte emocionante. King Kong es una hamburguesa servida en un restaurante de gran reconocimiento (mediático, crítico, público). Prefiero los tesoros ocultos de la muy selecta y poco amigable (pero en el fondo mucho más inteligente y hasta sincera) Sky Captain, que nos daba un regusto de aventura pulp inédito desde En busca del arca perdida. Y la cinta de Kerry Conran buscaba y encontraba la vida cinematográfica en el sepia digital, allí donde la cinta de Jackson se pierde en su marea de efectos ultraconvincentes y espectaculares en secuencias de aburrimiento justificado.

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